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ARTES VISUALES: El claustro como trinchera (o cómo sobrevivir al siglo XXI cobijadas por las monjas del pasado)

Sofía Hernández Amezcua

Hace ya casi siete años que quedé cautivada por las monjas del pasado. Sorpresivamente, no llegué a ellas a través de la figura de sor Juana Inés de la Cruz, sin duda la escritora religiosa más famosa de la historia mexicana; mucho menos a partir de una educación católica, de la que en definitiva carezco. En cambio, mi fascinación surgió de su representación visual durante los siglos XVII y XVIII, hecho que me parecía casi excepcional en un contexto en el que primaban los retratos masculinos. Encontrar algunas mujeres en medio del testosterónico panorama representacional de la época despertaba en mí el dulce alivio de la familiaridad. Aunque no podía identificarme con la idea de llevar una vida monástica, que rechazaba entonces incluso sin conocer con certeza en lo que consistía, había algo atractivo en aquellas mujeres protagonistas de los cuadros, ataviadas con flores, perlas y joyas. “Me pongo guapa para Dios”, con la voz de Rosalía, suena ahora en mi cabeza siempre que tengo estas imágenes delante de mí.

Autoría desconocida, Retrato de monja concepcionista, segunda mitad del siglo XVIII.

Con mucho menos desconocimiento de la vida de aquellas mujeres, sentí el mismo sosiego años después, al encontrar el podcast de Ana Garriga y Carmen Urbita, Las hijas de Felipe, dedicado a lo que, retomando la propuesta del historiador español Fernando Bouza, ambas llaman “las vidas menudas” de los siglos XVI y XVII. De pronto, diversas mujeres, cuyos nombres me resultaban hasta ese momento irreconocibles por no formar parte del canon histórico ni literario, se sentían cada vez más cercanas y amigas, a pesar de los más de 300 ó 400 años que nos separaban. Al escuchar sus relatos cobraba sentido el lema del programa: “todo lo que te está pasando a ti ya le pasó a alguien de los siglos XVI o XVII”. Desde este enfoque transhistórico, Garriga y Urbita han tejido en ese 'rinconcito terapéutico' sonoro un puente afectivo entre pasado y presente, al trazar una genealogía femenina de saberes de la que hacemos parte quienes las escuchamos. Juntas han construido una comunidad, un 'rebañito del Barroco' en el que confluimos personas de los 1500, 1600 y 2000 por igual.

Convencidas de que el convento fue mucho más que el silencio, la sumisión y el aislamiento que solemos imaginar, Las hijas de Felipe publicaron en febrero de este año su primer libro, Instrucción de novicias. La obra retoma el título de un manual escrito en el siglo XVI por la monja carmelita María de San José, el cual consistía en un tratado para jóvenes que buscaban iniciarse en el rigor monástico. Las autoras subvierten la naturaleza disciplinante de la instrucción original y ofrecen a sus lectoras un manual para sortear los dilemas de la vida moderna desde el conocimiento de la historia. De ahí que el subtítulo del libro sea “vidas del convento barroco para guiar tu presente”.


Como se adivina, la obra resulta del mismo interés del que germinó el podcast: la urgencia por rescatar los saberes de las mujeres que, refugiadas en los claustros, construyeron desde ahí redes de afecto, recovecos de liberación, guaridas creativas y espacios de exploración intelectual. En las páginas de este libro encontramos a personas que enfrentaron, tanto como nosotras, los avatares del amor, el dinero, la amistad o el trabajo. En ese sentido, Instrucción de novicias no es tanto una obra de carácter histórico como un ensayo íntimo en el que confluyen la divulgación, la autobiografía a cuatro manos y el manual de supervivencia dictado por amigas que todas necesitábamos para hacer frente a la vida cotidiana durante la adultez.

Aquí, santa Teresa y María de San José nos enseñan que “la cura más infalible para las enfermedades del ánimo siempre estará en un buen ratito de recreación con las amigas” y sor Juana nos ofrece herramientas para afrontar aquel correo hostil en el que habremos de desplegar nuestras mejores habilidades retóricas para poner, de una vez por todas, un límite académico o profesional. Aquí, la misma monja nos guía por el escabroso, pero a veces necesario, mundo del sindicalismo laboral o nos propina una buena palmadita para animarnos también a dejarnos llevar por el disfrute colectivo, el “gusaneo”, según se requiera.

Pero, cuidado, pues el convento no aparece en el texto como un lugar idílico (aunque la vida en una comunidad femenina autogestionada se aproxime bastante al paraíso), sino que lo aborda en su contexto, el de los siglos XVI y XVII, y desde sus complejidades, tensiones y sinsabores. No se trata de borrar los conflictos, sumisiones o fiscalizaciones a las que se vieron sometidos los cuerpos femeninos en los colectivos religiosos; más bien, de problematizar su funcionamiento, diversificar sus lecturas y visibilizar la agencia que, aunque a veces restringida, tuvieron las mujeres del pasado.

Sin perder la precisión académica, Las hijas de Felipe logra que la historia deje de ser ese mausoleo solemne de nombres masculinos ilustres para convertirse en un botiquín de urgencia, en un conjuro contra la desazón moderna. Al traspasar las rejas del convento, desarmar los cerrojos de la celda y sentar a estas mujeres en nuestra mesa, las autoras de Instrucción de novicias nos recuerdan que encontrar la propia voz —ya sea frente al Santo Oficio o ante la bandeja de entrada de un lunes por la mañana— siempre ha sido un acto de resistencia. Y que, aun con el mundo en contra, nos queda el refugio infalible del cuidado colectivo.

*Sofía Hernández Amezcua. Licenciada, maestra y doctoranda en Historia del Arte. Dedicada a la escritura, la docencia y la investigación. Especializada en la historia y la producción artística de los siglos XVII y XVIII en México.

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