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Alcaldes detenidos, una solución trunca

Qué bueno que hay voluntad de perseguir y detener alcaldes como los de Tequila, Amanalco, Teuchitlán, Cuautla y ahora Juchitán. El recuento es de trece presidentes municipales en funciones en lo que va del sexenio de la presidente Sheinbaum. Reconocer a quienes han realizado las investigaciones y operaciones para llevarlos ante la justicia es obligado.

Vivir bajo gobiernos que juraron defender el estado de derecho y proteger a la población pero utilizaron el poder, los recursos oficiales y el disfraz de autoridades para someter, violentar, extorsionar, desaparecer, despojar a la población de sus patrimonios, es una de las peores pesadillas. Es vivir en el miedo, la indefensión, la impotencia y la traición permanentes. Una infamia que debiera ser intolerable.

Sin embargo, a pesar de lo importante que es detener al alcalde y algunos otros funcionarios, incluso desarmar y hasta desaparecer a la policía municipal, todo ello no significa que la pesadilla ya terminó. De seguro hay una sensación de alivio importante, pero lo más probable es que sea temporal.  La razón es simple. Las estructuras criminales permanecen y se reorganizan si no son desmanteladas por completo y eso ocurre cuando las instituciones de seguridad y justicia estatales y municipales no se depuran por completo y se reconstruyen casi desde cero.  

Hacer lo anterior supone mucha voluntad política, una gran cantidad de recursos financieros, humanos, técnicos, buenas políticas de seguridad y un compromiso de continuidad de largo plazo que rebasa los sexenios. Ha habido varios intentos de hacerlo en algunos estados y municipios, pero no duraron mucho tiempo. El más exitoso por su eficacia y permanencia es el emprendido por Rubén Moreira en Coahuila en 2011 y que ya dura 15 años: reconstruyeron las instituciones y debilitaron suficientemente al crimen organizado. El resultado positivo lo acaba de confirmar el INEGI: Coahuila está el penúltimo lugar de incidencia delictiva en el país y la percepción de inseguridad de apenas 29%, contra 74% a nivel nacional.

Sheinbaum y los gobernadores de Morena no solo no tienen el propósito y la voluntad de hacerlo; al contrario, en los hechos el mensaje ha sido proteger el pacto entre las estructuras criminales y partidistas para construir la hegemonía política de Morena.

En primer lugar, Sheinbaum no ha promovido la reconstrucción de las policías locales ni de las fiscalías estatales. Al igual que en el gobierno de Peña Nieto, cree que el problema es de coordinación, no de capacidades; por tanto, piensa que basta con el show de las mesas de coordinación. ¿De qué sirve que se reúnan todas las madrugadas los representantes de los tres niveles de gobierno si no se tienen confianza y tampoco existen las capacidades de instrumentar los acuerdos cuando la mayor parte de las policías son insuficientes, ineficientes y deshonestas y las fiscalías un hoyo negro de ineficacia y corrupción? Omar García Harfuch no tiene el personal para que hagan ese trabajo y la Guardia Nacional no sabe ni puede hacerlo. A las pruebas me remito: Sinaloa.

Pero no solo no se han creado las capacidades ni se ha incentivado a los gobernadores que lo hagan; al contrario, se les ha mandado el mensaje político contrario: “se vale pactar y trabajar con el crimen organizado pues ustedes son intocables”. La negativa a extraditar a Rocha Moya; la defensa de Marina del Pilar, la ausencia de investigaciones sobre Adán Augusto, Américo Villarreal y varios más equivalen al mensaje de impunidad. Los alcaldes se pueden ir a la cárcel; ustedes, no.

Pero si eres gobernador de oposición y deseas emprender la reconstrucción institucional que facilite desarticular al crimen organizado como fue el caso García Cabeza de Vaca en Tamaulipas, el mismo presidente de la república se encargó de frenarla con una burda persecución política. La tarea la concluyó Américo Villarreal construyendo la macro red criminal que derivó en el huachicol fiscal.

Así la aplastante contradicción de la 4T. Las detenciones de alcaldes en varias entidades son bienvenidas y aplaudidas, pero de poco servirán si no rompen su pacto de impunidad.

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