La partida del columnista desata una entrañable ola de afecto y nostalgia entre amigos, colegas y políticos de todas las tendencias
La partida del columnista desata una entrañable ola de afecto y nostalgia entre amigos, colegas y políticos de todas las tendencias

Este domingo, quienes suelen discrepar sobre casi todo coincidieron en despedirlo con afecto. Periodistas, políticos de distintas filiaciones, antiguos compañeros y amigos de varias generaciones. La muerte de Francisco Garfias, ocurrida durante la madrugada en la Ciudad de México, provocó una oleada de mensajes de tristeza, admiración y cariño.
Se fue un reportero de oficio que nunca dejó de serlo, aunque se hubiera convertido en uno de los columnistas políticos más reconocidos del país.
Raymundo Riva Palacio, su maestro en la difícil tarea de ser corresponsal extranjero, dijo de Garfias: “Gran reportero de la vieja escuela, la del trabajado andando en las calles”.
Julián Andrade, quien lo conoció en Milenio, lo recordó como un hombre culto, conocedor como pocos de la política mexicana. Destacó precisamente aquella larga temporada en París, que le permitió tener «una mirada de mayor alcance». Y lo despidió con una definición sencilla: “Se va uno de los mejores columnistas”.
“Murió hace unas horas el columnista Francisco Garfias y de pronto se escapan todas las palabras, hasta para quienes vivimos de las palabras”, escribió Rubén Cortés, amigo y compañero de innumerables jornadas. Y se preguntó cómo describirlo: “¿Gran periodista? Más bien hay que pensar en cuántos habría como él. ¿Gran amigo? Sobran dedos de una mano para encontrar amigos como él”.
Francisco Garfias ejerció el periodismo durante casi cinco décadas. Fue corresponsal de Excélsior en París, experiencia que amplió su conocimiento del mundo y enriqueció su mirada sobre México. Escribió columnas en Milenio, La Crónica de Hoy y, finalmente, regresó a Excélsior, donde su columna Arsenal se convirtió en lectura habitual de políticos, legisladores, funcionarios y periodistas.
Pancho era, por encima de todo, un reportero. De aquellos que no confundían la columna con un escritorio desde el cual opinar sobre las noticias que otros habían conseguido. Tenía fuentes, cultivaba relaciones, preguntaba, escuchaba y recorría los pasillos del Congreso,donde conocía las historias que se contaban en público y las que se susurraban a puerta cerrada.
Leticia Robles de la Rosa lo vio por última vez hace apenas unas semanas, en el Senado.Ambos esperaban su turno para preguntar en una conferencia de prensa. Pancho seguía ahí, entre los reporteros, haciendo lo que había hecho toda su vida. Leticia recordó que jamás fue de quienes aguardaban en su escritorio a que alguien les llevara información. Él salía a buscarla.
Salvador García Soto destacó su pasión por el periodismo parlamentario y su capacidad para reflejar las complejas dinámicas del Congreso mexicano. Lo recordó como un periodista crítico del poder, que disfrutó la vida y dejó numerosos amigos.
Gerardo Galarza escribió al amanecer: “El de hoy es un mal despertar: ha muerto Francisco Garfias. Gran persona, gran periodista, gran amigo. ¡Gracias por todo, Pancho!”.
Sergio Sarmiento, compañero y amigo durante décadas, evocó su alegría y su sentido del humor. Ricardo Alemán lamentó la partida de “uno de los grandes del periodismo mexicano”. Bibiana Belsasso escribió apenas unas palabras, suficientes para expresar su tristeza: “Te vamos a extrañar, querido amigo”.
En las redacciones, donde los periodistas suelen pasar más horas que en sus propias casas, las amistades tienen una profundidad especial. Se comparten las noticias, las exclusivas, las derrotas, los triunfos, las noches interminables de trabajo y, muchas veces, las dificultades de la vida.
Ethel Riquelme, compañera de Pancho en Excélsior, recordó al vecino de escritorio, al amigo de los desayunos, de las bromas y las conversaciones. Al hombre que enviaba mensajes para levantarle el ánimo y que, entre risas, le robaba un pedazo de pan o buscaba frituras en su bolsa.
Esas pequeñas escenas cuentan tanto de una persona como sus grandes logros profesionales.
En otra despedida se evocó el reporterismo de Garfias como el de la vieja escuela: libreta en mano, rigor absoluto y espíritu crítico. Un periodismo que hará falta en tiempos difíciles para el oficio.
Otto Granados recordó una amistad que comenzó en los años ochenta. Lo describió como un periodista profesional, crítico, sagaz y muy viajado. Pablo Hiriart escribió que la vida de Pancho había sido “un homenaje permanente al periodismo y un ejemplo para las nuevas generaciones”.
Jorge Fernández Menéndez, compañero de Pancho Garfias en Excélsior, lo despidió con palabras de afecto y admiración: “Mi querido Pancho, te vamos a extrañar, pero sobre todo te van a extrañar tus lectores con tu imperdible columna Arsenal. Dejas un legado de amistad, inteligencia y periodismo, descansa en paz”. En su mensaje reunió las dos dimensiones que marcaron la vida de Garfias: el periodista respetado por sus lectores y el amigo querido por sus compañeros.
Pascal Beltrán del Río, director editorial de Excélsior, destacó el rigor y la independenciaque distinguieron su trayectoria: “El periodismo perdió durante la noche a uno de sus baluartes. Falleció el querido y admirado Francisco “Pancho” Garfias, cuyo reporterismo de vieja escuela, de libreta en mano, de rigor absoluto y de espíritu crítico, hará mucha falta en estos tiempos difíciles para el oficio”.
Una despedida que retrata al periodista que nunca dejó de buscar personalmente la noticia, aun después de convertirse en un columnista de referencia nacional.
También sus colaboradores de El Arsenal, el proyecto periodístico que dirigía, lo despidieron con emoción. Uno de ellos recordó que Pancho había sido mucho más que un jefe: un maestro, un amigo, un hombre afable y generoso con quien bastaban unas cuantas palabras para entenderse.
La tristeza cruzó las fronteras partidistas. Ricardo Monreal lamentó la pérdida del “reportero comprometido y el amigo entrañable”. José Antonio Meade recordó sus conocimientos del Congreso, sus fuentes en todas las bancadas y la amistad que había unido a Garfias con su padre y con él mismo.
Alejandro Moreno evocó su trayectoria y sus conversaciones sobre política. Jorge Romeroexpresó que el periodismo mexicano perdía una voz importante. Ignacio Mier recordó al magnífico columnista y al ser humano noble.
Lilly Téllez escribió una de las despedidas más personales: “Un beso al cielo, Capi, ¡te voy a extrañar tanto!”. Lo llamó hombre culto, educado, agudo, honesto, sincero y respetuoso. «Se fue uno de los grandes», concluyó.
No era frecuente que un periodista político despertara expresiones de afecto tan amplias entre personajes que mantienen posiciones enfrentadas. Pancho había aprendido a relacionarse con todos sin perder su condición de periodista. La amistad no le impedía preguntar ni la crítica le impedía conservar amigos.
Su vida profesional atravesó distintas épocas del país. Vio pasar presidentes, mayorías legislativas, partidos dominantes y oposiciones que llegaron al poder. Conoció a personajes que parecían destinados a permanecer para siempre y que hoy apenas son nombres en las hemerotecas.
Pancho permaneció. Con su columna, sus fuentes, su curiosidad y su buen humor.
Perfil
Francisco Garfias nació el 7 de agosto de 1951 y estudió periodismo en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). De joven viajó por Europa y vivió en París. Su primera redacción fue unomásuno, bajo la dirección de Manuel Becerra Acosta, donde entró como auxiliar.
Posteriormente, trabajó en Pemex y fue redactor de noticias en Radio Educación. Según el texto autobiográfico “Mi vida en Excélsior”, publicado en 2017, un encuentro con Raymundo Riva Palacio en el invierno de 1982 le abrió camino hacia una nueva etapa.
En 1983 empezó como corresponsal independiente de Excélsior en Francia y se quedó hasta 1989, desde donde hizo la cobertura de las elecciones que llevaron a François Mitterrand a la presidencia.
Al volver a México en 1989, se integró a la cobertura de la Cámara de Diputados y del Senado de la República. En su trayectoria periodística, también cubrió la campaña presidencial de Cuauhtémoc Cárdenas en 1994.
En 2000 dejó Excélsior para irse a Milenio, donde comenzó a escribir su columna política “Arsenal”, un espacio dedicado al análisis de la información política, siempre con fuentes de primera mano.
Pasó luego por La Crónica de Hoy, dirigida entonces por Pablo Hiriart, para luego regresar a Excélsior.
Además, condujo “La Manzana de la Discordia” en YouTube. En 2017 el Club de Periodistas de México le reconoció su análisis político.
Su trayectoria abarcó desde los años de predominio del PRI hasta la alternancia y la llegada de Morena.
Recomendar Nota
Contacto