La propaganda es un instrumento muy efectivo para gobernar a las masas. La insistencia en un tema, el señalamiento constante de otros culpables, la permanente mención a la esperanza, la incapacidad de hacer una autocrítica, son todos elementos de un régimen que centra mucho de su acción en la construcción de un imaginario, más que en la transformación real de la sociedad. Una de las ideas que diversos funcionarios y políticos allegados al régimen actual en México han venido machacando es que “la oposición no tiene proyecto”. Son de esas líneas ideológicas no comprobadas que, a fuerza de reiterarse, buscan imponerse entre la población. Pero obliga más bien a reflexionar si la 4T tiene proyecto y cuál sería. A menos que se piense que el exitoso eslogan “primero los pobres” sea un programa de gobierno, me parece que Morena no tiene realmente un proyecto que presumir. Y prueba de ellos son las obras magnas que el gobierno de AMLO emprendió y se han mostrado como lo que son: un enorme fracaso. Me refiero al Tren Maya, a la Refinería de Dos Bocas, al Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, al Tren Transístmico. O si se quiere, a las políticas implementadas en materia de seguridad (abrazos no balazos) o de salud. Todas ellas significaron un enorme dispendio, una dilapidación extraordinaria de recursos que sólo sirvió para enriquecer a algunos empresarios allegados al régimen. Pero, sobre todo, significó la oportunidad perdida de invertir ese dinero público en obras que realmente hubieran servido al pueblo. No hay entonces proyecto real, sino un conjunto de ocurrencias motivadas por los caprichos y visión, tan personal como ignorante, de su dirigente máximo.
Una de las razones por las que Morena no tiene proyecto es porque consiste más bien en un conglomerado de iluminados y oportunistas con intereses diversos y mezcla ideológica insostenible más allá de las elecciones. AMLO entendió la lección de su derrota en 2006 por no haber aceptado en aquel entonces aliarse con el Partido Socialdemócrata y en 2018 se alió con quien le prometiera votos, sin importar de donde venían, por ejemplo, con el Partido Encuentro Social, que de izquierdista o progresista no tenía nada. Y ni hablar de otros posibles aliados inconfesables de dicho movimiento.
No sé entonces si la oposición, o más bien las oposiciones, aunque se quiera meter a todas en un solo paquete, tienen un proyecto alternativo para el país. Lo que me queda claro es que la propaganda del grupo en el poder está empeñada en crear una imagen de los otros, que la hace incapaz de verse a sí mismo. En el mejor de los casos, su proyecto es rescatar el nacionalismo revolucionario priista, que vio sus mejores momentos hace muchos años y en circunstancias muy distintas. Por lo mismo, no puedo más que coincidir con lo dicho recientemente por la profesora de la UAM-A, exdiputada y senadora perredista, Rosa Albina Garavito, cuando afirma: “La izquierda no logró construir un proyecto alternativo al neoliberalismo. Confundió este proyecto con asistencialismo. Se olvidó también de que ese proyecto requiere de vigorosas instituciones democráticas para deliberar y finalmente alcanzar un pacto social que logre un desarrollo sostenido, compartido y sustentable.” (La Crónica de hoy, 12/10/2026). Aquí, no hay que confundir a “la izquierda”, con el grupo que se apoderó de ella. La 4T, en efecto, tiene un solo proyecto visible: mantenerse en el poder a toda costa. No importa si, para ello, tiene que renunciar a todos los ideales que alguna vez tuvo la izquierda democrática. Pero su propaganda está llegando al límite.
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