La Iglesia católica no es una institución democrática. Es una monarquía sustentada en derecho divino y el llamado Vicario de Cristo preside los tres poderes de la institución; el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial. Y él, o su aparato administrativo (la Curia romana) deciden quién es obispo de cada diócesis, que es realmente el cargo pastoral más importante en la Iglesia (el Papa lo es, por ser el Obispo de Roma). Pero eso no quiere decir que, dentro de ésta no haya espacios democráticos, ni que por dicha razón no pueda contribuir a la democracia en muchos países en determinadas circunstancias. La elección del Papa, por ejemplo, es una elección democrática, ciertamente circunscrita a 120 cardenales, pero con reglas muy estrictas para evitar manipulación de los votos. Sucede lo mismo con muchas congregaciones u órdenes religiosas y en la elección de abades o abadesas de monasterios. Los ejemplos de democracia interna, aun si es restringida, son muchos. Pero además de la limitada democracia interna, la Iglesia ha contribuido en más de una ocasión a los procesos de democratización de más de algún país, incluyendo a México. La anterior aseveración podría parecer falsa o por lo menos aventurada, si se piensa, como en efecto sucede, que la mayor parte de los obispos mexicanos son conservadores. Sin embargo, habría que aclarar que no se requiere ser un liberal de cepa para defender a la democracia; se puede muy bien ser conservador y estar en contra de regímenes autoritarios o totalitarios.
Menciono lo anterior a propósito del ya aquí comentado "Mensaje a cien años de aquel 1926 / El conflicto religioso en México”, publicado en julio pasado por el episcopado mexicano y el cual generó interpretaciones encontradas. Hubo quienes lo tomaron como un apoyo a la 4T y otros que lo señalaron como un documento crítico hacia el gobierno. Había elementos para las dos versiones. Me gustaría, por lo tanto, remarcar algunos aspectos del comportamiento de la Iglesia católica en México, para entender el sentido de sus posicionamientos políticos.
Me parece que lo primero que hay que entender es que la Iglesia, como institución, tiene una agenda propia, que no se confunde, o lo hace solo provisionalmente, con las diversas posturas políticas y sociales. En el mensaje citado aparecen claramente cuáles son sus reivindicaciones. No es que la Iglesia se alíe o no con los gobiernos en turno; simplemente coincide o no, coyunturalmente, con determinadas políticas. En segundo lugar, la Iglesia trata no únicamente con los gobiernos, sino también está inmersa en la sociedad y por lo tanto suele compartir (aunque no siempre) ciertos ideales y posturas de la población. Por lo mismo, puede terminar expresando inquietudes o reivindicaciones sociales y políticas. Un ejemplo claro de ello fue cuando los obispos de Chihuahua, decidieron cerrar los templos el domingo 20 de julio de 1986, con motivo de lo que ellos consideraban elecciones fraudulentas. Aunque por presiones del Vaticano dicha iniciativa se suspendió, la amenaza, que remitía históricamente al inicio de la guerra cristera por el cierre de templos, marcó el inicio de un involucramiento más importante de la institución eclesiástica en los procesos de democratización del país. En tercer lugar, precisamente a partir de ese momento quedó claro que “la Iglesia” no eran únicamente los obispos o sacerdotes, sino también sus seglares o laicos católicos, quienes se involucraron cada vez más durante la década siguiente en los procesos de democratización del país. ¿Cuál será entonces ahora la postura de esta Iglesia y de estos católicos en la lucha por el restablecimiento de la democracia nacional?
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