La primera vez que vi una cucaracha estaba en casa de un amigo de la infancia. La vi quedarse quieta junto a mi pie, como si me retara a pisarla. Él de inmediato me dijo que no, que no hiciera nada porque “dejan sus huevos en las suelas de tus zapatos y luego te los llevas a tu casa”. Ese fue mi primer acercamiento a la leyenda urbana de que “son invencibles”.
Años después me dijeron que “incluso podrían aguantar un ataque nuclear”. Pensé en hacer una broma de que habrá que empezar a tirar bombas para comprobar, en nombre de la ciencia, si esto es verdad o no, pero me dio miedo que alguien se lo tome en serio y no necesitamos más pretextos para desatar la destrucción.
A lo largo de mi vida estos insectos han estado más presentes en pláticas o anécdotas que de forma física. Han sido pocas las cucarachas que me han tocado ver (nunca las he pisado, no me quiero llevar los huevos a mi casa). Sin embargo, en los últimos días parece que me infestaron la cabeza gracias a lo que veo que mueven en el continente asiático.
Herederos de movimientos como la rebelión de 1857, en la que ciudadanos se pronunciaron en contra de la Compañía Británica de las Indias Orientales, del movimiento de independencia encabezado por Mahatma Gandhi y de la resistencia al Estado de excepción de Indira Gandhi, los indios parecen reclamar, una vez más, libertad y democracia.
El movimiento de las cucarachas, conocido formalmente como el Partido Popular Cucaracha (CJP, por sus siglas en inglés) nació como un reclamo de la Generación Z por la crisis educativa después de que en junio y julio pasados miles de estudiantes salieron a reclamar las irregularidades y filtraciones en los exámenes de ingreso universitario.
Al ver lo que sucedía en las calles, el presidente de la Corte Suprema de la India, Surya Kant, intentó descalificar el enojo y calificó de forma despectiva a los jóvenes que salieron a hacer sentir su descontento al llamarlos “cucarachas”.
Lo que Kant seguramente nunca esperó fue haberles regalado el nombre perfecto a unos jóvenes que sólo esperaban una chispa que lo encendiera todo. “¿Qué pasaría si todas las cucarachas se juntaran?”.
La pregunta la hizo el activista Abhijeet Dipke que se apropió del término en redes sociales y convirtió el que estaba pensado como un insulto en un símbolo de resistencia, en un partido político y una opción real para todos los desanimados de un país tan golpeado.
La maquinaria estaba en marcha, y rápidamente juntó más de 22 millones de seguidores en en pocos días y, contrario a lo que ha pasado en otros movimientos, ese apoyo sí se empezó a ver reflejado en las calles.
En las marchas aparecían máscaras de cucarachas, los espacios públicos se llenaron de personas que se empezaron a reunir para reclamar mejores condiciones al gobierno de Narendra Modi, que exigen mejores condiciones para las minorías que no apoyan al partido en el poder.
Octubre fue un mes movido para las cucarachas que tomaron nuevamente las calles del país. Ahora miles de jóvenes pidieron la renuncia del jefe de la Comisión Electoral, Gyanesh Kumar, que eliminó más de 130 millones de nombres de los padrones electorales provisionales.
El recorte encabezado por Kumar reavivó la rabia ya que, según la oposición, entre las personas afectadas por esta purga eran principalmente musulmanes y miembros de otras minorías que es poco probable que voten por el partido gobernante, el BJP, el partido nacionalista hindú cuya principal figura es el primer ministro Modi.
Si se mantienen o no, eso no se puede saber. Bien decía Joe Strummer que el futuro no está escrito, al mismo tiempo que pedía a la gente que peleara por sus derechos. Lo que sí se puede ver es que el CJP no tiene intención de parar.
Así lo dejó ver Dipke en una entrevista con Outlook India. “La cucaracha sobrevive. Intentas aplastarla, envenenarla, expulsarla y vuelve”.
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