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Trump, Cuba y la llave del petróleo: ¿reacomodo geopolítico a la vista?

Con el desparpajo que lo caracteriza, Donald Trump confirmó que pidió a la presidenta Claudia Sheinbaum que se dejara de enviar petróleo mexicano a Cuba, como en efecto se hizo.

Trump sostiene que está ya en pláticas con funcionaros cubanos, aunque no precisó cuáles, pero lo evidente es que requería tener a sus interlocutores contra las cuerdas y el bloqueo del petróleo es la solución más inmediata.

Venezuela y México auxiliaron en esta tarea. Los primeros porque ya no deciden de modo autónomo y los segundos porque su margen de acción es cada día menor. ¿Inquietante? Sí, sobre todo porque es parte de un reacomodo geopolítico.

El tema cubano cruza por diversas arterias anímicas de la izquierda, de ahí que la presidenta Sheinbaum aclare que no habló de petróleo con Trump, aunque en los hechos sí estén cancelados los envíos y sólo se exploren ayudas humanitarias.

En estos momentos, la llave de los combustibles la tiene Estados Unidos, y la irá utilizando de modo estratégico.

Nadie sabe a ciencia cierta qué es lo que pretende Trump respecto al futuro inmediato de la isla; si se trata de impulsar una transición de gobierno, de colocar a personajes títeres como en Venezuela, o de pactar un acuerdo de más largo plazo.

La experiencia inmediata, si nos atenemos a lo ocurrido luego de la captura de Nicolás Maduro, indica que es probable que agencias como la CIA estén reclutando o en vías de reclutar a personajes clave que pueden colaborar en un relevo del mando.

Una cuestión delicada, porque tendrían que ocurrir traiciones en la cúpula misma del Partido Comunista de Cuba o en las filas del Ejército.

Determinar si el objetivo es Miguel Díaz-Canel o Raúl Castro, pero con obstáculos mayores a los que pudieron librarse en Venezuela, ya que la solidez de la élite cubana es mucho mayor, al menos en teoría.

Los pronósticos de lo que puede ocurrir son reservados, porque el régimen cubano ha sabido resistir a lo largo de las últimas décadas, aunque esta vez la situación es más apremiante, porque tampoco está ya a la mano la ayuda de Rusia, que fue constante mientras existió la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

Tampoco pueden hacer mucho Irán y China, unos porque enfrentan su propia crisis, y los otros porque les conviene acatar los postulados de la nueva Doctrina Monroe, para ocuparse de sus propias zonas de influencia.

Lo notable es que el gobierno de México, por primera vez en décadas, hará poco para evitar lo inminente, aunque para el consumo local todavía se hable de solidaridad con esa isla que tanto importa.