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La Cámara y su agenda

La semana que inicia será de movimiento en la Cámara de Diputados. Se discutirá la disminución de la jornada laboral y llega, eso parece, la reforma electoral. Digo eso parece, porque no se ha definido con certeza cuál será la cámara de origen. Esto último tiene importancia por la composición de las fuerzas.

En cuanto a la de carácter laboral, hay un evidente consenso para disminuir el tiempo de la jornada. Sin embargo, la propuesta de Morena deja dudas y sinsabores. Lo esperado es una semana de trabajo de cinco días por dos de descanso y apoyos económicos y fiscales para los empresarios, en especial los más pequeños. Pero el régimen mantiene los seis días de trabajo y aumenta las horas extras.

Se espera que en la votación general se tenga consenso, no así en lo particular. Por lo tanto, se antoja un amplio debate de la oposición para dejar en claro que la iniciativa poco mejora la calidad de vida de los mexicanos. Nuestro país se encuentra entre aquellos de jornadas más largas, con condiciones de trabajo menos favorables. La mayoría de quienes tienen un empleo lo hacen de manera informal y sin prestaciones. Los que tienen labores estables y, por ello, pueden acceder a servicios de salud o pensiones, no encuentran satisfacción en esas garantías: una buena parte de sus ingresos los consume la inflación y el pago de medicamentos.

La mayoría se impondrá y el obrero no sentirá el cambio que se presume. Seguirá con sólo un día de descanso y la necesidad le llevará a tomar más horas extras. Nos quedaremos muy lejos de lo que sucede en otros países de la OCDE y de dar un paso significativo en la vida laboral. La responsabilidad es de Morena y del régimen.

Para la hora en que aparezca esta columna, se sabrá poco de la reforma electoral. No obstante, hay varios temas que la definen: 1.- Sale del poder y eso genera desconfianzas y peligros. 2.- La preceden textos de muy mala hechura, lo que anticipa errores y contradicciones. 3.- Todo hace predecir una propuesta regresiva y lejana a consolidar la transición democrática. 4.- Hay indicadores de un perverso pragmatismo, donde el régimen busca acotar libertades y, con malas artes, disminuir a la oposición.

En medio de un clima de violencia y de zozobra, el gobierno se empeña en construir argumentos y no respuestas.