El abatimiento del líder de la organización criminal con más vigencia territorial en nuestro país es, sin duda, el colofón de la decisión soberana de nuestro gobierno de colaborar ampliamente con las agencias norteamericanas para evitar que los narcotraficantes pretendan superar a las instituciones policiales y militares en nuestro país.
Independientemente del grado de colaboración para esta acción en particular, lo cierto es que la muestra de clara voluntad por ambos gobiernos nos beneficia a todos los habitantes de la región.
En entregas anteriores sostuve que la soberanía no puede ser utilizada como mecanismo de complacencia hacia las organizaciones criminales, pues tarde o temprano se convierte en complicidad.
La muerte del líder no destruye a la organización, pero la vulnera profundamente. Ello es así porque dicho sujeto tardó décadas en afianzar su liderazgo, expandir el control territorial de su operación, reclutar miembros y cooptar protección pública. Toda esa fuerza se ve, hoy, inmediatamente disminuida.
Ningún liderazgo criminal puede suplir de forma inmediata dicha capacidad, basada en compromisos y lealtades personales.
Por eso, la colaboración que sigue es aún más importante si se busca un resultado de largo plazo. Debe estar basada no sólo en la detección de los líderes regionales y locales sino, sobre todo, en la persecución de las redes de protección que fueron construidas por dicha organización.
Acceder a sus sistemas de comunicación y control fue, por lógica, algo que ya aconteció. Sigue compilar y analizar cada detalle contenido en sus sistemas de información. Esta labor puede ser aún más titánica que la ubicación del sujeto criminal y es la única forma en que la estructura pueda ser realmente destruida.
El delito y el delincuente estarán siempre presentes en una sociedad donde la libertad de sus miembros les permite, y obliga, a decidir sus acciones y enfrentar las consecuencias. Pero las estructuras criminales que pretenden cooptar, enfrentar, suplantar o sustituir al Estado y a sus instituciones deben y, pueden, ser desterradas si se cuenta con la confianza y el apoyo social.
Siempre he citado el ejemplo, algo superficial, del jardín. Si se poda alguna vez, pues sólo parecerá un jardín limpio por algunas semanas o incluso un par de meses; pero si se deja de podar, por más pequeño que sea, empezará a dañar el ambiente en lugar de embellecerlo.
México, con su bandera y sus instituciones, tiene hoy un jardín mejor.
