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Bamboleos presidenciales en una banda sin fin

Sobre la banda. La imagen no es mía. Se la escuché al presidente colombiano Belisario Betancourt en la Cámara de Diputados mexicana en la década de 1980. No sólo la cito de memoria, sino que deliberadamente le agrego dramatismo con fines de énfasis. Pero la idea es fiel. Se sentía como en una pesadilla, como otros presidentes latinoamericanos, corriendo sobre una banda sin fin, como la de las caminadoras, pero acelerada a lo más alto, sin parar, las 24 horas del día y los siete días de la semana, a sabiendas de que, si se detenía por agotamiento, falta de aire o energía o por la débil respuesta de las piernas, caería y rodaría con su gobierno. Deuda, déficit, crisis energética, terrorismo, cárteles adueñados de buena parte del poder político, CIA, DEA, divisiones internas. Todos, agregándole velocidad a la banda con sus presiones, exigencias, expectativas y acciones de hecho.

En la mentira. Así se aprecia a la presidenta Sheinbaum, con varias diferencias en su contra. La primera: ella sería incapaz de decirlo. No por su falta de la claridad y elocuencia -que a Betancourt le sobraban- sino por su atadura a vivir en la mentira de que México marcha sin quebrantos en la soberanía y la justicia. Que deuda, déficit y crecimiento nulo son inventos de las calificadoras. Que nuestros cárteles no son terroristas ni Rocha y sus secuaces forman parte de ellos, además de que al gobernador sinaloense lo avaló Lorenzo Córdova. En fin, que ni sabemos quiénes son los de la CIA, la DEA ni el FBI, ni les daremos vida para operar aquí. Y que el pueblo está unido con ella para todo lo que se ofrezca.

Bamboleos. Sin embargo, bamboleos e histrionismo fallido al negarlo todo en la banda sin fin revelan más que Belisario Betancourt.

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