Prepotencia. Aunque a la hora que usted esté leyendo esto ya se estará dando marcha atrás, el régimen dio nuevas muestras de haber rebasado los límites tolerables -para el país- por su prepotencia e incompetencia. Y por su cinismo como fórmula reiterada de mentir y así eludir responsabilidades. El anuncio del titular de la SEP de abortar el fin de cursos con un recorte inconsulto al calendario escolar -para evitarles molestias a los visitantes al Mundial- reconfirmó la costumbre oficial de tomar decisiones por encima de las normas y del mínimo respeto a los derechos de los demás. Y eso es lo que se llama prepotencia.
Incompetencia. Pero el anuncio además mostró desconocimiento de la función educativa, entre otras tareas fallidas del gobierno, así como de las realidades y condiciones escolares del sistema educativo. De allí que no supo el régimen el tigre que soltó al pretender alterar programas de enseñanza de maestros y actividades de fin de curso de los alumnos en cada escuela. Y tampoco supo lo que se le vendría encima al descomponer -con el recorte- en forma abrupta la organización familiar y laboral de padres y madres. Y aquí es donde, a la prepotencia, se une la incompetencia.
Cinismo. Imposible la defensa de Mario Delgado. Pero más difícil creer que el titular de la SEP dispuso el recorte de cursos por sus pistolas, sin al menos consultarlo, si no es que cumplió ciegamente órdenes superiores, como es habitual en él. Y como es habitual en ella, la presidenta se hizo un lado, con la falsedad de que la medida socialmente cuestionada fue solo una propuesta de la SEP. Pero, medida o propuesta, lo cierto es que obedeció fielmente al pedido oficial a los capitalinos, de la jefa de gobierno, de guardarse en casa durante el Mundial.
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