Los datos económicos en México son desalentadores. La inversión muestra caídas anuales en 19 de los últimos 20 meses registrados y la nueva inversión extranjera directa muestra uno de los desempeños más modestos en 25 años. Hace apenas unos días, el Fondo Monetario Internacional volvió a recortar su pronóstico de crecimiento para nuestro país, de 1.6% a apenas 1.2% para 2026, advirtiendo que la incertidumbre continuará frenando la actividad económica.
En este contexto, resulta inevitable preguntarse por qué algunos estados siguen atrayendo inversiones mientras otros observan cómo los proyectos se cancelan, se posponen o incluso emigran hacia Estados Unidos. Chihuahua ofrece una respuesta.
La reciente participación de este estado en la Feria Aeroespacial de Farnborough, en el Reino Unido, no fue una gira de relaciones públicas. Fue una misión económica con resultados concretos. La empresa italiana ALA Corporation eligió a Chihuahua para establecer su primera oficina en México; ATI Forged Products anunció una inversión de 80 millones de dólares que generará más de 230 empleos altamente especializados; la inglesa GKN Aerospace confirmó la expansión de sus operaciones, y se fortalecieron proyectos estratégicos con empresas globales como Safran, Embraer y Regal Rexnord.
Lo importante no son únicamente los montos anunciados. Lo verdaderamente trascendente es la calidad de esas inversiones. Se trata de compañías líderes en materiales avanzados, ingeniería, logística especializada, sistemas eléctricos aeronáuticos y manufactura aeroespacial. Son inversiones intensivas en conocimiento, capaces de generar empleos mejor remunerados, elevar la productividad y consolidar cadenas de suministro de alto valor agregado.
El contraste con otras entidades del país es evidente. Mientras algunas enfrentan la salida o reubicación de líneas de producción hacia Estados Unidos —como ha ocurrido con operaciones de Toyota en Baja California—, Chihuahua continúa integrándose con mayor profundidad a las cadenas globales de manufactura avanzada. La competencia por la inversión internacional nunca había sido tan intensa, y los estados que no ofrecen condiciones competitivas simplemente quedan fuera.
¿Por qué Chihuahua sigue siendo atractivo? Porque la inversión no llega por decreto ni por discursos. Llega cuando existe capital humano, universidades que forman ingenieros, infraestructura industrial, seguridad jurídica y un gobierno que entiende que promover inversiones es una tarea permanente, no un evento aislado. Atraer una empresa es apenas el principio; conservarla, lograr que reinvierta y convencerla de ampliar operaciones es el verdadero indicador del éxito.
Quizá la lección más importante sea ésta: el problema de México no es la falta de oportunidades. El país sigue teniendo una ubicación geográfica privilegiada, una plataforma manufacturera extraordinaria y acceso preferencial al mercado más grande del mundo gracias al T-MEC. El problema es que esas ventajas no bastan cuando predominan la incertidumbre y la falta de confianza.
Por eso Chihuahua merece atención. No porque sea inmune a los problemas nacionales, sino porque demuestra que, aun en medio del estancamiento económico, todavía es posible atraer inversiones de clase mundial. La pregunta que deberíamos hacernos no es por qué Chihuahua sigue captando proyectos estratégicos. La verdadera pregunta es por qué el resto del país no está haciendo lo mismo.
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