La señora María Elena, una persona de 78 años que ha trabajado toda su vida sin seguridad social (como la gran mayoría de las personas en México) me platicaba la semana pasada que desde hace algunos años tiene problemas en el estómago, además de diabetes. Su calvario es que le han pedido varios estudios, incluyendo endoscopías, pero en el Hospital GEA González el área de laboratorio casi nunca abre. Le dicen que con suerte para finales de año pueden le programar sus estudios. Me cuenta que tampoco lo dan ya su medicina para la diabetes y por tanto ella tiene que pagar 700 pesos cada 15 días.
Según su propio recuento, antes de 2018 con el Seguro Popular tenía que pagar algunos estudios en el mismo hospital, no mucho (sus palabras), pero en general tenían los servicios y casi todas las medicinas. Desde 2019 ya no tenía que pagar nada… pero con la novedad que ya no había medicinas y la posibilidad de hacer los estudios clínicos fue empeorando, hasta ahora, que no la pueden programas por varios meses. En más de una ocasión ha tenido que acudir a clínicas privadas para hacerse sus estudios, en las cuales ella tiene que pagar por los servicios.
Me cuenta también que lo que sí le llega a tiempo casi de manera regular es su pensión de adulto mayores que, según lo que recuerda, pasó de alrededor de 1,000 a 3,200 pesos mensuales. Ella misma agradece esa ayuda, pero sabe que eso no le alcanza hoy en día para cubrir los costos de sus enfermedades.
Hoy que llego de trabajo a Dinamarca y después del relato de la señora María Elena, no puedo más que acordarme de López Obrador. Yo no sé si lo hacía por provocador, por convicción, por ingenuidad o por tratar de comunicar con sus bases, pero los dichos del licenciado comparando los servicios de salud en México y Dinamarca son memorables. Pero totalmente falsos.
Los expertos me platican que el servicio de salud en Dinamarca no es perfecto pues tienen retos para contratar y retener personal en salud, especialmente desde COVID, con lo cual han aumentado los tiempos de espera. Asimismo, Dinamarca tiene todavía que ajustar los servicios de salud ante el envejecimiento de la población que pone presión sobre el sistema de cuidados y enfermedades crónicas.
Aun así, echemos un ojo a algunas (odiosas) comparaciones entre los dos países con datos de la OECD para ver la enorme distancia que aún tenemos con Dinamarca:
| País | % PIB en salud | Dólares anuales por persona en salud | Médicos por 1,000 habitantes | Enfermeras por 1,000 habitantes | Camas hospitalarias por 1,000 habitantes |
| México | 5.9* | 1,588 | 2.7 | 3.0 | 1.0 |
| Dinamarca | 10.8 | 7,140 | 4.5 | 10.0 | 2.2 |
El gobierno ha privilegiado otorgar transferencias monterías a la población, pero ha reducido la posibilidad de proveer servicios de salud y por tanto en promedio, los mexicanos hemos incrementado en más de 41% el gasto de bolsillo en salud entre 2018 y 2024.
Nos piden que ya no hablemos de López Obrador, pero es casi imposible cuando uno observa lo mal que están varias áreas de la política pública, y los sistemas de salud es uno de ellos. No sólo estamos lejos de Dinamarca como lo muestran las cifras, si no que el recuento de la señora María Elena desafortunadamente no dista mucho de la situación de muchas otras personas en México, incluyendo a adultos mayores.
*Público y privado. El público es 2.2%
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