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Los que trabajan, pero no logran salir

La semana pasada, el Observatorio Social del Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY) actualizó uno de los indicadores de nuestro Semáforo de Movilidad Social: la persistencia en pobreza laboral. El resultado sigue siendo preocupante. De las personas que estaban en pobreza laboral en el primer trimestre de 2025, casi dos terceras partes (65.8%) permanecieron en esa misma condición un año después. Después de 12 meses seguían sin generar ingresos laborales suficientes para que su hogar pudiera adquirir una canasta alimentaria básica para todos sus miembros.

Mientras la pobreza ha bajado, lo cual es buena noticia, este nuevo dato muestra que aún hay personas y hogares que no pueden salir de la pobreza debido a que tienen las mayores barreras para hacerlo.

Pensemos en dos personas que hoy viven en pobreza laboral. Una logrará salir de ella en los próximos 12meses. La otra permanecerá atrapada. ¿Qué explica esa diferencia? Solemos atribuirla al esfuerzo individual, pero los datos muestran una historia distinta: el lugar donde se vive, la estructura familiar, el acceso a empleos formales y las oportunidades disponibles siguen pesando enormemente en las posibilidades de salir adelante.

¿Quiénes son las personas a quienes se les dificulta salir de la pobreza laboral?

Los datos muestran que existen características comunes. Una de ellas es el género de quien encabeza el hogar. Entre los hogares que permanecieron en pobreza laboral durante todo el año, 43% tenía jefatura femenina. Entre quienes lograron salir de la pobreza laboral, la proporción fue de 36%. Esto no significa que ser mujer condene a la pobreza, pero sí refleja que las mujeres enfrentan obstáculos adicionales en el mercado laboral: menores salarios, dificultades para conciliar el trabajo remunerado con las labores de cuidado y menores oportunidades de empleo formal.

También encontramos diferencias importantes entre regiones. Vivir en estados como Chiapas, Guerrero, Veracruz o Hidalgo aumenta las probabilidades de permanecer en pobreza laboral. En un país con verdadera igualdad de oportunidades, el código postal no debería determinar el futuro económico de una persona.

Otra característica clave es la capacidad del hogar para generar ingresos. Los hogares que lograron salir de la pobreza laboral suelen contar con más integrantes participando en el mercado de trabajo. En cambio, quienes permanecen atrapados en ella dependen frecuentemente de una sola persona ocupada. Cuando todo el bienestar familiar depende de un solo trabajador, cualquier enfermedad, despido o reducción de horas puede empujar al hogar hacia una situación muy difícil.

Quizá el hallazgo más revelador tiene que ver con la calidad del empleo. Entre las personas jefas de familia ocupadas que permanecieron en pobreza laboral, 91% trabaja en el sector informal. Pero incluso entre quienes lograron salir de esa condición, la informalidad de jefes de familia ocupados fue de 78%. El problema no es únicamente tener empleo, sino qué tipo de empleo se tiene.

Este reporte del Observatorio Social CEEY muestra que buena parte de la solución para salir de la pobreza y tener movilidad social pasa por el mercado laboral. Necesitamos más empleos formales, con seguridad social y mejores oportunidades de desarrollo. También necesitamos políticas que permitan una mayor participación laboral de las mujeres y que reduzcan las enormes desigualdades territoriales que persisten en el país.

Mientras el origen siga determinando quién puede salir de la pobreza y quién no, México seguirá siendo un país donde el esfuerzo importa, pero no siempre alcanza.

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