El crecimiento de la buena imagen de Omar García Harfuch, dentro y fuera del país, topará pronto con la desconfianza del núcleo de la secta paranoica que gira en la órbita de López Obrador.
Ayer la presidenta hizo malabares retóricos para justificar la asistencia del secretario de Seguridad y Protección Ciudadana a la reunión convocada por la agencia antidrogas de Estados Unidos (la DEA), en la capital del país que gobierna Javier Milei.
Partió dando explicaciones al señor de Palenque: la asistencia del secretario a la cumbre antidrogas se decidió en una votación del gabinete presidencial y el resultado fue unánime para que fuera.
Y fue entonces que “me convencieron de que Omar fuera a Argentina”.
¿De cuándo acá la presidenta tiene que dar explicaciones por el viaje de un funcionario a una reunión internacional en un país con el que tenemos relaciones diplomáticas?
No da explicaciones sobre temas torales como el montaje para disimular el asesinato del exrector Héctor Melesio Cuén, o la “desaparición” de 20.8 millones de barriles de crudo en los primeros cinco meses del año. Pero si su secretario de Seguridad va a una reunión continental organizada por la DEA, desmenuza cómo se tomó la decisión de enviarlo. Y que “me convencieron”, porque fue unánime.
De acuerdo, busca tranquilizar a la secta paranoica que orbita en torno a AMLO.
No lo va a lograr porque ese grupo, que la llevó a la Presidencia, ve conspiraciones hasta debajo de la cama.
Leo, por ejemplo, que La Jornada -expresión periodística de AMLO-, cabeceó en su edición electrónica de ayer: “Sheinbaum advierte doble discurso de la DEA: reconoce a Harfuch, pero reitera acusaciones sobre narcotráfico”.
En ningún momento la presidenta dijo eso. Lo dijo quien formuló la pregunta.
García Harfuch fue bañado en elogios en la cumbre de Argentina. Es “un socio de confianza y buen amigo de Estados Unidos”, dijo el director de la DEA, Terry Cole.
Eso es chile habanero en la cavidad ocular de los morenistas del círculo de López Obrador, que solo tienen insultos y resentimientos hacia el país del norte.
Los que por seis años protegieron a los narcos que metieron a México en un problema de criminalidad, violencia y exportación de fentanilo nunca antes visto, van a buscar la caída de Omar García Harfuch.
En sus alucinaciones lo ven como el ariete de Estados Unidos para la Presidencia en 2030. Y eso es lo único que les importa, no la seguridad pública ni cuidar un puente de entendimiento con el país vecino que es, efectivamente, nuestro socio.
A mediados de junio, el redactor, amigo y consejero de AMLO, Pedro Miguel, fue entrevistado por El País, que lo presentó como “una de las voces de autoridad que la esfera morenista busca cuando necesita un faro. Izquierdista convencido y férreo defensor de la ética política”.
En la entrevista, Pedro Miguel dijo que “en la izquierda no nos gustan la policía, como no nos gustan los militares, por tradición. Pero no se puede gobernar sin policía y sin militares. García Harfuch viene de esos ámbitos”.
Le preguntó la periodista sobre la posible candidatura presidencial de Omar García, y la vetó de inmediato: “No, no”. Adujo que es un buen técnico, pero “no tiene perfil político”.
Ya estaba vetado por Palenque, y ahora que su labor es reconocida por Estados Unidos será el demonio a exorcizar por la secta paranoica que se aglutina en torno a López Obrador.
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