Los derechos humanos vuelven al centro de la discusión pública. No podía ser de otra manera, porque el grado de violencia, estructural y crónico, genera diversos problemas.
Hay una crisis forense que es prácticamente irresoluble, los casos de desapariciones, incluidas las forzadas, lejos de ser una cuestión del pasado, son un asunto del presente inmediato.
La utilización del Ejército en tareas de seguridad pública, ahora ya de modo permanente, aumenta las posibilidades de que ocurran abusos, por la sencilla razón de que los soldados no están preparados para tareas que deberían corresponder a las policías.
Dos ejemplos. En marzo, un tribunal sentenció a cuatro militares a 40 años de prisión por la ejecución extrajudicial de cuatro jóvenes, en 2023, en Nuevo Laredo, Tamaulipas.
En mayo de 2025, dos niñas de 7 y 11 años murieron, por herida de bala, porque un elemento del 42 Batallón de Infantería disparó al automóvil en que viajaban, en Badiraguato, Sinaloa, como consigna el Informe sobre la Situación de los Derechos Humanos de Amnistía Internacional.
El gobierno mexicano está reeditando las fobias que en el pasado había hacia cualquier supervisión extranjera.
Por eso las reacciones contra el informe del Comité contra las Desapariciones Forzadas fue tan virulento, cuando una lectura serena les habría advertido áreas de oportunidad e inclusive la construcción de una narrativa funcional para los esfuerzos que sí se están realizado.
Pesa más un nacionalismo trasnochado, que, aunado a la resistencia de asumir responsabilidades de Estado, generan una percepción de que no se quiere colaborar con los organismos internacionales.
La visita del alto comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos debiera ser vista como una posibilidad de buscar colaboración para atender lo que a todas luces es una crisis y de grandes dimensiones.
Hay cuestiones que no se van a resolver, aunque no se pueda decir eso, pero lo que sí es factible, es elaborar una agenda con las madres buscadoras, para que sean atendidas de la manera adecuada, y no se tengan que quejar con visitantes como el propio Volker Türk, quien a estas alturas ya debe tener un panorama certero de lo que está ocurriendo en México.
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