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El bombazo de Trump en la ONU

La intervención del presidente de Estados Unidos en la Asamblea General de la ONU fue demoledora para la imagen de México en el mundo: “Su territorio está controlado por los enemigos de la humanidad”, es decir los cárteles.

No fue un ataque “ideológico” contra el régimen de la 4T, porque Donald Trump y Claudia Sheinbaum son igual de autoritarios, intolerantes y alérgicos a las instituciones democráticas.

Él se desvive en elogios a Sheinbaum y ella le cubre ofensas verbales y de hecho hacia los mexicanos y a la humanidad en general.

Tal para cual, salvo en el caso de las drogas.

El fentanilo y las drogas sintéticas son, para Estados Unidos, temas de primer orden en la salud y la seguridad interior, gobiernen los republicanos o los demócratas.

Para el gobierno de Sheinbaum, en cambio, el pacto político-criminal es la base de la gobernabilidad forjada desde que Morena llegó al poder hace ocho años.

Seguramente es verdad lo que dice Trump, que Sheinbaum tampoco quiere a los cárteles en México, pero los hechos muestran que ella concibe a los jefes criminales como el soporte de la convivencia pacífica.

Ella expresó, sin mencionar nombres, que la crisis de violencia que vive Sinaloa fue el resultado de haberse llevado al capo en jefe de las bandas armadas del poderoso cártel de las drogas.

Sí, la guerra empezó cuando unos jóvenes de la mafia, sanguinarios, ambiciosos y aliados de Morena y del gobernador Rocha, traicionaron al jefe del cártel y se lo llevaron a Estados Unidos.

No es “injerencismo” de Estados Unidos ni hubo violación de la soberanía, sino que fue un ajuste entre mafiosos protegidos y empoderados por el gobierno de México.

Ahí está la nuez del conflicto con Trump y con quien le suceda en la Casa Blanca: la gobernabilidad de México no se basa en la supremacía del Estado, sino en la fortaleza de los capos de los cárteles de las drogas.

La declaración de la presidenta le da la razón a Trump y a los más belicosos y antimexicanos personajes que hay en la Casa Blanca: la paz en México depende de un Estado paralelo que controla buena parte del territorio y sus instituciones.

Y esos capos del Estado paralelo son los que introducen drogas letales a Estados Unidos que han cobrado más vidas que las bombas en Hiroshima y Nagasaki.

La apuesta de Morena de basar la paz y la gobernabilidad en su alianza con el crimen organizado y no en el fortalecimiento de las instituciones, es lo que nos trae muertes, desapariciones, pérdida de soberanía, poca inversión y deterioro de la imagen internacional.

¿Cuánto tiempo nos tomará revertir todas las secuelas del error de AMLO y Sheinbaum?

No lo sabemos ni lo soñamos, porque no hemos tocado fondo.

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