La película "Gugusse et l'automate" del cineasta francés, hallada en un ático en Estados Unidos, ya está disponible en línea en el sitio web de la Biblioteca del Congreso
La película "Gugusse et l'automate" del cineasta francés, hallada en un ático en Estados Unidos, ya está disponible en línea en el sitio web de la Biblioteca del Congreso

Lo que durante décadas fue solo un viejo baúl arrumbado —primero en un ático, luego en un granero y finalmente en un garaje— terminó por convertirse en un hallazgo inesperado para la historia del cine. En su interior, sin que nadie lo supiera, se conservaban antiguas cintas que habían permanecido sin abrir durante casi un siglo.
El descubrimiento ocurrió cuando Bill McFarland, un profesor retirado de 76 años en Pensilvania, decidió revisar el contenido heredado de su familia. Entre los objetos encontró varios rollos de película que, aunque deteriorados, le parecieron demasiado valiosos como para desecharlos. “No tenía idea de lo que eran ni cómo proyectarlas”, recordó.

Tras intentos fallidos por colocarlos en un museo o venderlos —debido al riesgo que implica el material de nitrato, altamente inflamable—, McFarland llevó las cintas al Centro Nacional de Conservación Audiovisual de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, en Virginia.
Ahí surgió la sorpresa, entre los rollos apareció un fragmento de 45 segundos de Gugusse y el Autómata, una película atribuida a Georges Méliès, pionero del cine y precursor de los efectos especiales. Filmada en 1897, apenas dos años después de las primeras proyecciones de los Hermanos Lumière, la cinta formaba parte de su catálogo, pero nunca había sido vista.
En el breve material, Méliès —quien también aparece en pantalla— interpreta a un mago que manipula a un autómata que termina golpeándolo, en una secuencia de humor físico que, según especialistas, conserva su eficacia más de un siglo después.
El hallazgo no solo aporta una nueva pieza a la filmografía del director de El viaje a la Luna (1902), sino que también permite entender mejor una etapa temprana del cine, marcada por la experimentación técnica y la circulación irregular de copias. De acuerdo con expertos de la Biblioteca del Congreso, el fragmento podría corresponder a una copia de tercera generación, en una época en la que la piratería ya afectaba a creadores como Méliès.

El origen de las cintas se remonta al bisabuelo de McFarland, William DeLyle Frisbee, un proyeccionista itinerante que a finales del siglo XIX recorría comunidades rurales de Pensilvania exhibiendo películas. Sus registros dan cuenta de funciones modestas, con anotaciones sobre la recaudación y la recepción del público.
Hoy, las bobinas se conservan en condiciones especiales para evitar su deterioro o combustión, dentro del acervo de la Biblioteca del Congreso. El fragmento recuperado ya fue digitalizado y puesto a disposición del público, sumándose a un archivo que resguarda algunos de los materiales más antiguos del cine mundial.
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