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Guadalajara, un Mundial entre la violencia y la desconfianza

Guadalajara, Jal.- Más allá de las cifras alegres que han vendido las autoridades en Jalisco, que esperan más de dos millones de visitantes durante las fechas del Mundial de Futbol, hay un ánimo que persiste tanto en el turismo como en las autoridades de otros países: el temor latente por la crisis de desapariciones y el hecho de que es imposible olvidar que, en Guadalajara, la gente corre el riesgo de ser asesinada.

Honestamente, a pocos importa que el gobierno federal haga público que los homicidios en la tierra del mariachi se redujeron a la mitad. Ciertamente, no es un dato menor, y de hecho es algo que el obradorato prometió —sin éxito— durante sus primeros tres años. Pero tanto entonces como hoy, esa cifra no sólo no dice nada, sino que insulta a las familias que sí están en la estadística.

Lo peor es que acá se usa cualquier pretexto para desviar la atención de las realidades adversas para hacer énfasis en ese evento elitista.

Porque mientras en Estados Unidos acaso tres de cada 10 habitantes se dicen medianamente interesados en seguir las actividades del Mundial (datos del Centro de Investigaciones Pew), México ha puesto toda la carne al asador por un evento que realmente preocupa. A escasos días del primer partido, los puntos neurálgicos de Guadalajara siguen sin estar resueltos.

El jueves 28 de mayo, el chofer una unidad del transporte público que conducía cerca de la Expo Guadalajara, el núcleo de exposiciones más grande en la entidad —y acaso en el occidente del país— se peleó con el conductor de un auto particular. Este último sacó un arma y la detonó contra el camión.

Y, como en Guadalajara la realidad supera a la ficción, la bala dio en la cabeza de un joven que, según se notificaría posteriormente, era hijo de un regidor de Tlajomulco de Zúñiga y, además, el vocero de las juventudes de Movimiento Ciudadano en ese municipio.  

Por sí solo el hecho es una tragedia que cala directamente en la función pública. Más aún: en el epicentro del partido Movimiento Ciudadano, pues fue en ese municipio donde comenzó el proyecto que hoy gobierna a un estado entero y a sus municipios con más habitantes.

Pero lo más preocupante es que, hasta la publicación de estas letras, este evento sigue impune. Una muerte afuera del núcleo de convenciones más importante de Jalisco y el tirador aún se encuentra libre.

Luego está la otra prueba de fuego: las inundaciones. El último día de mayo, la ciudad entera fue azotada por lo que a las autoridades de estos rumbos les ha gustado calificar como “lluvias atípicas”. Pues esa tormenta derribó decenas de árboles, dejó sin luz por horas a varias colonias, inundó las principales avenidas y paralizó a una ciudad que estaba relativamente en calma, pues se trataba de un día inhábil.

Así, uno tras otro, los graves problemas de Guadalajara se superponen para dejar en claro que el dinero público siempre estuvo dirigido a obras de relumbrón. Mucho Fan Fest, mucha escultura insípida, mucho dispendio y poca atención a los problemas de las y los ciudadanos tapatíos.

Mientras se invirtieron cientos de millones en remodelaciones vinculadas al Mundial, las inundaciones siguen afectando las mismas zonas de cada temporal y la crisis de desapariciones permanece sin una solución visible.

Por todo lo anterior, el Mundial 2026 será una verdadera oda a la pose. Un festival de disfraces que mostrará caras sonrientes y, al mismo tiempo, hará hasta lo imposible por esconder el miedo que persiste en la gente, la pésima logística que habrá desde que el turismo llegue al aeropuerto y, sobre todo, las graves omisiones en la red de drenaje que, año con año, cuestan vidas cada vez que las nubes grises asoman en “la sede más mexicana”.

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