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Heinrich Bullinger y los cristeros

Lutero rompió con Roma y cambió el rumbo de la cristiandad. Su movimiento dividió la fe en el Nazareno, transformó Europa y llevó a Max Weber a especular sobre la importancia del protestantismo en la formación del capitalismo. La irrupción de las ideas del monje provocó una serie de piadosas matanzas que no habrían gustado al Príncipe de la Paz.

Heinrich Bullinger nació en 1504 en Bremgarten, Suiza, y pasó a mejor vida en Zúrich un septiembre de 1575. Fue el sucesor de Ulrico Zuinglio y desarrolló su ministerio en la antigua ciudad que los romanos llamaban Turicum. Era un poderoso orador, teólogo brillante y escritor prolífico. Se casó con Anna Adlischwyler, una exmonja, y tuvo once hijos. Es evidente que no le gustaba desperdiciar el tiempo.

Bullinger estudió en la Universidad de Colonia, donde recibió una formación humanista. Se enteró de las ideas de la Reforma por los escritos de Martín Lutero y se convirtió en estrecho colaborador de Zuinglio. Conoció a Juan Calvino, con quien mantuvo una extensa y rica correspondencia. Ambos buscaron la unidad entre las iglesias reformadas y, con ese propósito, acordaron un pacto entre Zúrich y Ginebra. Así unificaron la doctrina sobre la Cena del Señor y afirmaron que Cristo está presente espiritualmente en la Eucaristía. El acuerdo fortaleció la unidad del movimiento reformado europeo.

Eran los tiempos de los titanes de la teología protestante y Suiza desempeñó un papel fundamental en su desarrollo. A Zúrich la separan apenas doscientos kilómetros de Ginebra, donde Calvino habitaba y gobernaba desde el púlpito de la catedral de San Pedro. Por cierto, esa ciudad, levantada frente al lago Lemán, conserva el espíritu del reformador y teórico de la predestinación. La paradoja: quinientos años después, en la capital del calvinismo los católicos son mayoría.

La Segunda Confesión Helvética es la obra doctrinal más importante de Bullinger. Escrita en treinta capítulos, fue adoptada por numerosas iglesias reformadas y se convirtió en uno de los textos fundamentales del protestantismo. En ella se expone: la autoridad suprema de La Biblia, la Trinidad, la salvación por gracia mediante la fe, el reconocimiento del bautismo y de la Cena del Señor como sacramentos, la relación entre la Iglesia y el gobierno civil y la figura de Jesucristo como único mediador. Bullinger fue, además, uno de los principales promotores de la doctrina del pacto, que ha influido en el derecho constitucional.

Sobre el trabajo sostenía que era una vocación dada por Dios y que el esfuerzo y la responsabilidad constituían virtudes cristianas. Afirmaba que la riqueza no era mala en sí misma, sino que los bienes materiales suponían una responsabilidad delante de Dios. Respecto a los pobres, enseñaba que poseen la misma dignidad que cualquier otra persona ante el Señor y que ayudar al necesitado es una manifestación concreta de la fe cristiana. No era un hombre de palabras vacías: en su casa acogió a refugiados, estudiantes y personas necesitadas. Hoy, en cambio, hay políticos protestantes y católicos que dictan medidas para torturar a los migrantes y expulsarlos de sus ricos países.

En su ciudad hay un gran monumento a su memoria, tal como ocurre en Ginebra con el dedicado a John Knox, Calvino, Farel y Teodoro de Beza. En México se cumplen 100 años de la Guerra Cristera y el acontecimiento pasa sin una reflexión profunda. El gobierno pseudojacobino de Morena es incapaz de propiciar eso.

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