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Hungría y México

Como es frecuente en los últimos años, la prensa liberal internacional y mexicana echa las campanas al vuelo cada vez que un gobierno autocrático, un partido populista o cualquier fuerza política iliberal pierde una contienda electoral. El caso de Hungría no podía ser menos. Los optimistas desbordados se parecen a los agoreros del desastre, abonan a la pérdida de credibilidad de la prensa tradicional, en tanto sus pronósticos extremos casi nunca se cumplen.

Hay quienes han leído en el resultado electoral húngaro la derrota definitiva de Putin (por la influencia rusa sobre Orbán), la resurrección de la vitalidad de la Unión Europea (supuestamente un gobierno proeuropeo en Hungría arreglará en automático los desacuerdos entre Francia y Alemania o algo así), el fin de la ola iliberal en el mundo, el anticipo de la derrota trumpista en las intermedias estadounidenses y un largo etcétera de exageraciones. Esa falta de perspectiva para identificar tendencias y quedarse con incidentes seleccionados en función de las preferencias personales, impide análisis más robustos. En el caso mexicano, no faltan los analistas que quieren ver en las elecciones húngaras la fórmula para derrotar a Morena.

Tratemos de ser cuidadosos con las extrapolaciones. En primer lugar, Hungría tiene un sistema político parlamentario, por lo cual trazar equivalencias con el presidencialismo mexicano supone aventurarse demasiado. En segundo término, Péter Magyar, el ganador de las elecciones húngaras y el articulador del voto opositor viene del propio gabinete de Orbán. ¿Por qué es relevante esto?

Magyar no es un opositor fanático y cegado por el odio contra el régimen de Orbán y sus votantes, sino un político conocedor de las entrañas del nuevo sistema y de la sensibilidad de sus simpatizantes. Supo señalar las contradicciones del propio discurso de Orbán y los suyos, así como sus inconsistencias personales, gubernamentales y políticas, siempre adhiriéndose a los valores del votante orbanista. En otras palabras, a diferencia de la oposición mexicana, Magyar no desprecia con clasismo a quienes votaban por Orbán, sino que, apelando a sus mismas emociones y valores, logró pasarlos de su lado. Nada de que “venden su voto por 3 mil pesos”, “son unos ignorantes” y otras lindezas que usa la oposición mexicana para referirse al votante obradorista. Al contrario, precisamente porque los entiende, supo conquistarlos. Nadie se gana al electorado del oponente insultándolo, sino seduciéndolo, pero la oposición mexicana no entiende eso y por esta razón Morena seguirá gobernando un rato.  

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