Sucede una y otra vez en la era de la llamada 4T. El gobierno mexicano se envuelve en la bandera y exige respeto a la soberanía, demanda a las naciones extranjeras, especialmente a Estados Unidos y España, que no intervengan en asuntos internos de México. No obstante, con frecuencia nos enteramos de que los gobiernos mexicanos adoptan actitudes injerencistas o de plano intervienen directamente en la política de otro país, sea Bolivia, España, Ecuador u otros tantos. El caso más reciente, nada menos que Estados Unidos. El gobierno de aquel país señala que emprenderá una revisión de los consulados mexicanos en la Unión Americana debido a posibles actividades políticas indebidas.
El incidente se produce de manera simultánea a la solicitud norteamericana de detención del gobernador sinaloense, Rubén Rocha Moya, y a unos días de la revisión del T-MEC. Pero el tema sobre el cual insiste el oficialismo es la violación de la soberanía mexicana. Supongo que su insistencia se debe a que han medido con encuestas el apoyo popular a esa noción. Me preocupa sinceramente que los mexicanos del siglo XXI sigan dejándose llevar por la idea de que la soberanía justifica la protección a los criminales del partido oficial.
Mi impresión es que esa popularidad de la noción anticuada de soberanía tiene que ver con el fracaso del sistema educativo mexicano. Si un segmento significativo de los mexicanos admite por buena la excusa de la soberanía para no investigar y procesar a Rocha, al mismo tiempo que México está acusado de usar sus consulados en la Unión Americana para actividades de proselitismo político, algo falló en la enseñanza de la lógica.
Más importante, la enseñanza de la historia de México en la educación pública está indisolublemente ligada al concepto de soberanía. Eso que resultaba comprensible en los años nacionalistas del siglo XX, es incompatible con las necesidades de una ciudadanía internacionalizada durante el siglo XXI. En este siglo, debería quedar claro que la soberanía únicamente ha servido a los estados para cometer atropellos de derechos humanos y hasta genocidios. Es un concepto que no sirve para enfrentar los desafíos compartidos por toda la humanidad como el cambio climático, el desplazamiento del empleo por la inteligencia artificial o las redes transnacionales de delincuencia. Si nuestras escuelas no han podido enseñarle eso a los mexicanos, el sistema educativo lleva demasiado tiempo en quiebra y fallándole a los niños.
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