...

Información para decidir con libertad

Ira y provocación en las protestas genuinas

¿Dónde quedó el tema central? En las actuales convulsiones de México y el mundo conviene recordar los reconocidos móviles y propósitos que, espontánea u organizadamente, sueñen suscitar armas de violencia llamadas a desbordar el sentido de las protestas genuinas. No se trata de expresiones puras, sino, con frecuencia, mezcladas entre sí. Por ejemplo, es explicable la iracundia de los habitantes de Guadalajara que tienen meses de recibir -cuando la reciben- agua puerca de sus grifos. Pero también pareció inocultable -desde las primeras manifestaciones- la acción de grupos violentos con el doble propósito de desprestigiar la protesta legítima y de provocar la violencia estatal, que, en efecto, llegó. El problema es que, en el debate público, el tema central del agua parecía dejarles su lugar a las especulaciones sobre si la provocación provino del gobierno federal o del estado. Y quien haya sido salió ganador en la medida que perdía la protesta genuina contra el agua sucia.

Pradera seca. En la aritmética de la provocación de la que alguna vez habló en el Excelsior de Julio Sherer el siempre bien recordado universitario Pablo González Casanova, el arribo de la violencia estatal así provocada genera tal indignación, que la protesta legítima tiene a responder al agresor, también con violencia. Y es así como se producen las espirales de violencia, inestabilidad e ingobernabilidad, sobre todo en la pradera seca como ésta, en la que vivimos a escala global y nacional.

Jóvenes iracundos. Presentada ayer aquí por Aurelio Nuño, la crónica de las protestas juveniles que hoy en día cruzan de Europa a Asia, con sus demandas particulares, pero con un denominador común contra los condicionamientos a la libertad, retrotrae la memoria a los jóvenes escritores ingleses autollamados iracundos de la década de 1950 a los movimientos estudiantiles de la siguiente década.

Recomendar Nota

Facebook
X / Twitter
WhatsApp