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La mentira es la clave

Inadmisible para un gobierno prodictatorial, como el que tenemos, es lo que hicieron las madres buscadoras en la inauguración de la Copa del Mundo. Fueron vistas.

La secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, retrató al régimen.

Anunció que investigaría el origen de los recursos que permitieron a las madres buscadoras de Jalisco viajar a la Ciudad de México para manifestarse y ser vistas por la prensa extranjera.

El sexenio de López Obrador ha sido el que ostenta el mayor número de desapariciones, desde que hay estadísticas: 50 mil.

Y el de Claudia Sheinbaum va en camino a superarlo. En su primer año de gobierno desaparecen un promedio de 40 personas cada día.

El gobierno promueve una falsa imagen de sí mismo, como “humanista”, y la presencia en las calles de las madres que buscan a sus hijos desaparecidos rasgó el velo de la mentira oficial.

Las madres buscadoras escapan a la imagen manipulada que quiere proyectar el régimen, y la secretaria Rosa Icela Rodríguez esparció la insidia de un financiamiento oscuro.

Un gobierno que se sostiene en la mentira se obsesiona contra todos quienes proyectan la verdad.

De ahí viene la obsesión del gobierno de Morena (durante casi ocho años) contra periodistas críticos. “¡Ah! miren quien lo dice: trabajó con fulano. Es amigo de perengano”.

Las madres buscadoras: “Veremos quién financió el pasaje a la capital del país”.

Si no pueden con la verdad, desprestigian a quien la dice.

Una de las plumas ilustradas de la propaganda del régimen, Vanessa Romero, escribió la semana pasada que “la andanada mediática” contra la 4T nunca ha cesado en estos ocho años.

Desde luego es mentira. Casi la totalidad de los medios tradicionales se han puesto del lado del gobierno.

La andanada ha sido del gobierno contra periodistas críticos: ahí están las conferencias mañaneras con los insultos de AMLO.

Desde el gobierno se extorsiona a dueños de medios de comunicación para que corran a periodistas.

El objetivo del régimen es que no cobre fuerza la brisa de la verdad, porque tira el castillo que han construido sobre el pilar de la mentira.

Acusó Vanessa Romero que “el desfase entre la realidad y su interpretación en los medios es el causante de una artificial polarización”.

Alevosa la mentira, pero deja la duda.

Entonces, según ella, fueron los periodistas, analistas o miembros de la oposición los que dividieron al país entre patriotas y vendepatrias, conservadores y liberales, los que le negaron a cientos de miles de manifestantes el cobijo de la bandera en el Zócalo.

Mentira es la popularidad de la presidenta, que se mide con encuestadoras controladas desde Palacio Nacional para que nunca baje de 68 por ciento.

El gobierno paga para engañar. Para mantener una apariencia de invencible que desanima al disidente.

Václav Havel, el líder checo de la lucha pacífica que derrumbó al comunismo en su país, describió así a las dictaduras modernas:

“El poder es prisionero de sus propias mentiras y, por tanto, tiene que estar diciendo continuamente falsedades. Falsedades sobre el pasado. Falsedades sobre el presente y sobre el futuro. Falsifica los datos estadísticos. Miente cuando dice que respeta los derechos humanos. Miente cuando dice que no persigue a nadie. Miente cuando dice que no tiene miedo. Miente cuando dice que no miente”.

Tal cual.

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