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La narcoizquierda

Gracias a la alianza con el crimen organizado, Morena pudo hacerse de la mayor parte de las gobernaturas que hoy detenta.

Ni el INE ni la FGR pudieron hacer nada para anular las victorias electorales que Morena consiguió en alianza con el narcotráfico.

No fue la oposición ni la sociedad civil las que lograron exhibir esa complicidad, que terminó por convertir a México en un narco-Estado. No hubo marchas ni plantones ni alianzas legislativas que intentaran revertir esos triunfos fraudulentos.

El narco inclinó la balanza electoral a favor de Morena y sus aliados en Baja California, Sonora, Sinaloa, Nayarit, Colima, Tamaulipas, San Luis Potosí y Durango en las “elecciones” celebradas el 6 de junio de 2021.

Las acusaciones por la asociación indebida del crimen organizado en la elección de gobernador en Sinaloa en 2021 tuvieron que llegar de Estados Unidos. Ante la incapacidad y corrupción de la justicia mexicana, la justicia nos tuvo que llegar del norte.

En vez de aplaudir esta iniciativa de justicia, tal como lo hicieron con el caso de Genaro García Luna, el gobierno federal, el partido oficial y las plumas del oficialismo han salido en defensa de la alianza narco-gobierno con el pretexto de la defensa de la soberanía.

Si México no puede hacerse cargo de la corrupción imperante o del dominio de los cárteles en nuestra vida política, bienvenido ese apoyo.

El presidente Trump (personaje cuestionable si los hay) desde el comienzo de su gestión ha ofrecido en múltiples ocasiones ayuda al gobierno de Sheinbaum para combatir a las bandas del narcotráfico. Mucho de ese apoyo se ha aceptado por debajo del agua en forma de inteligencia proveniente de las mismas agencias (DEA, CIA) que en público se rechazan.

¿Cuántos de los decomisos de droga, cuántos de los laboratorios desmantelados, cuántos de los capos abatidos habrían hecho el Ejército, la Marina o el área de Seguridad de Harfuch sin el apoyo de la inteligencia norteamericana? 

Esa colaboración, capital en las operaciones terrestres, no la ve el público y por lo tanto es aceptable para el gobierno. Un apoyo más visible –comandos en terreno o bombardeos de centros neurálgicos del narcotráfico— resultan en cambio intolerables porque ese tipo de apoyo sí se ve, lo cual podría resquebrajar la imagen mítica de la soberanía mexicana inviolable.

Si durante el gobierno de Sheinbaum se ha actuado contra el narcotráfico ha sido debido a la presión norteamericana. Sin esa presión el gobierno de Sheinbaum hubiera continuado de buena gana con los abrazos y no balazos, con la “atención a las causas” y con el apoyo del narco en las contiendas electorales.

Pero lo hecho por México ha sido a todas luces insuficiente. La droga proveniente de México sigue llegando a las calles de Estados Unidos. El precio de las drogas (auténtico medidor de posibles afectaciones en el tráfico de estupefacientes) se ha mantenido estable. El fracaso de Trump en Irán juega también su parte en el incremento de presión hacia nuestro país.

Si el gobierno norteamericano nos ofrece su ayuda para combatir al narcotráfico -debido a la incapacidad de nuestras autoridades para hacerlo-, y esto redundara en beneficio de millones de mexicanos aterrorizados y extorsionados por el crimen organizado, el gobierno mexicano haría bien en aceptar esa ayuda, tal y como ya la recibe de forma subrepticia como apoyo de inteligencia a nuestras fuerzas de seguridad.  

Aceptar ayuda en medio de una emergencia no es algo negativo. Lo que el gobierno mexicano no quiere aceptar es ese estado de emergencia: más de un cuarto de millón de mexicanos han muerto asesinados desde que Morena llegó al poder,  más de 130 mil desaparecidos. En vez de estrechar la colaboración entre gobiernos para beneficio de los mexicanos, el gobierno de Sheinbaum ha decidido incumplir el Tratado de Extradición.

Si la imagen de México en el mundo era la de un país azotado por el narco, ahora es la de un país cómplice del narco, protector del narco.

Como antes la Cuba de Fidel Castro, como la Venezuela de Nicolás Maduro, como la Colombia de Petro, formamos ya parte de la narcoizquierda latinoamericana.

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