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La soberanía intermitente

En Guerrero, la democracia es un trámite burocrático para legalizar al crimen. Lo que impera es una gobernanza híbrida donde el Estado y la delincuencia organizada no sólo coexisten, sino que se fusionan para regular la vida social, el precio del huevo y el destino del presupuesto.

La realidad maniobra con una crueldad mecánica. Al asumir el cargo, los alcaldes enfrentan un ultimátum: entregar el Ramo 33 recursos federales para obra pública— o aceptar una muerte atroz. La resistencia se paga con sangre, como ocurrió con Alejandro Arcos Catalán, decapitado y exhibido apenas seis días después de jurar como edil en Chilpancingo. Esta sentencia macabra fue precedida por la infame y pública reunión de su antecesora con el liderazgo de "Los Ardillos", un grupo delictivo que hoy ejerce el poder real.

En municipios como Chilapa, el clan asegura un control sistémico: dominan alcaldías mediante redes familiares, mantienen blindaje desde el Congreso y operan con la infiltración de policías ministeriales. Su ambición se ha desplazado hacia la Montaña, donde el oro, la plata y el cobre son el botín para capturar la economía periférica de la minería.

Frente a este asedio, el Consejo Indígena y Popular de Guerrero-Emiliano Zapata (CIPOG-EZ) sostiene una resistencia desesperada. Denuncia que esta expansión no es sólo delictiva, sino un exterminio sistemático. Sus comunidades enfrentan un cerco paramilitar que utiliza el hambre, el fuego y la tecnología como armas de control.

La soberanía nacional —que tanto le preocupa al oficialismo— es un concepto intermitente. Mientras la Federación despliega tropas, los gobiernos municipales actúan como aliados tácticos del enemigo. Esta ruptura deja a la Guardia Nacional operando en un terreno donde el "aliado" institucional es el informante del cártel. Al 12 de mayo de 2026, el desplazamiento forzado es una hemorragia; el acoso con drones artillados contra las bases del CIPOG-EZ ha convertido la región en un territorio baldío. El Estado llega tarde, con mil soldados para custodiar cementerios y fosas, y aún espera que le aplaudan.

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