En 2020, la DEA arrestó al general Cienfuegos en Los Ángeles sin avisar al Departamento de Justicia ni a México. Ante la furiosa reacción mexicana, William Barr concluyó que un solo exfuncionario no valía romper la relación. López Obrador amenazó con expulsar a los agentes y limitar su inmunidad. Para salvaguardar la inteligencia fronteriza, el gobierno de Donald Trump cedió, retiró los cargos y lo devolvió bajo promesa de investigación. En dos meses, la FGR lo exoneró, acusó a la DEA de fabricar el caso y la Sedena lo condecoró. Posteriormente, México aprobó reformas que retiraron pases libres a los agentes, cerraron oficinas clave y paralizaron las investigaciones conjuntas mediante trabas burocráticas; un "congelamiento" que detonó la ira acumulada de la agencia.
Sin embargo, la DEA no perdona. En mayo de 2026, Terry Cole —quien fuera director regional en México durante la crisis y hoy ocupa la dirección general de la agencia— adopta una postura inflexible. El escrutinio sobre el gobernador Rubén Rocha Moya y el jefe de Seguridad Gerardo Mérida marca el inicio de una ofensiva sin precedentes. “No cabe duda de que narcotraficantes y altos funcionarios en México han compartido la misma cama durante años”, sentenció Cole al presentar la Estrategia Nacional de Control de Drogas 2026.
Esta agresividad explica por qué la estrategia ya no se limita a la frontera, sino a asfixiar una cadena de suministro global. Casi en paralelo, el general Dagvin Anderson, comandante de Africom, alertó al Senado que el crimen organizado mexicano usa África como centro estratégico de producción. Miembros del "Cártel de Sinaloa" y el CJNG operan 11 de los 12 laboratorios de metanfetamina intervenidos en ese continente, actuando como multinacionales que exportan ingenieros, químicos y logística para abastecer a Europa y Medio Oriente, financiando además a redes terroristas de ISIS y Al Qaeda mediante el pago de peajes.
Para Washington, la expansión transnacional sólo se explica por la protección política en los bastiones de origen. Hoy, la DEA y Africom articulan una pinza militar y policial que sepulta la ingenuidad y la diplomacia fallida de 2020. La consigna actual es inequívoca: aplastar la impunidad institucional en México para desmantelar sus redes en el resto del mundo.
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