Montserrat Pérez-Lima
Federico García Lorca, Manuel de Falla, Francis Poulenc e Igor Stravinsky recorrieron sus pasillos. Junto a ellos (antes, durante o después) se pasearon otros personajes tan dispares como destacados, entre ellos Luis Buñuel, Albert Einstein, Marie Curie o Salvador Dalí. Así es el aura que resguardan los muros y jardines de la llamada Residencia de Estudiantes en Madrid, España, desde donde comparto estas letras. Se fundó en 1910 con la finalidad de alojar a estudiantes y personalidades de distintas áreas del conocimiento.
Su ambiente intelectual dota de cierto encanto a sus recintos. Nueve años después de su fundación, García Lorca comenzó su residencia, aconsejado por Manuel de Falla y el poeta Antonio Machado. Su estancia se prolongó hasta 1928, dejando tras de sí amistades y proyectos que no sólo incluyeron las letras —por las que es más conocido—, sino también conciertos en los que él mismo interpretaba el piano. Esta faceta de músico y compositor no se suele relacionar inmediatamente con el poeta granadino. Sin embargo, se dice que desde muy pequeño guardaba en su memoria las melodías de cientos de canciones; no resulta extraño, entonces, que años después se dedicara a recopilar las Canciones populares españolas que grabó junto con ‘La Argentinita’, famosa cantaora y bailarina cuya voz acompañó con el piano y las armonías elaboradas por él mismo.
Zorongo gitano – Federico García Lorca
Tal como auguró Virginia Woolf en su célebre ensayo, la disposición de un cuarto propio donde el único deber sea estudiar es una premisa lo suficientemente atractiva y eficaz para desatar la creatividad. Al menos ésa es la constante en la efervescente vida no sólo de Lorca, sino también de otros visitantes que, aunque no residían allí, formaron parte esencial de la vida musical del recinto. Tal fue el caso del compositor Manuel de Falla y de Wanda Landowska, cercanos colaboradores y destacados músicos que echaron sus propias raíces dentro de la institución. Falla, por su parte, sería un visitante asiduo y la inspiración del llamado Grupo de los Ocho, integrado por jóvenes que, al igual que otras agrupaciones en el mundo, se convirtieron en las promesas de su nación (como Los Cinco en Rusia, Les Six en Francia o el Grupo de los Cuatro en México). Su entusiasmo y, en cierto sentido, su rebeldía, marcaron un parteaguas para una música donde lo local dialogaba con la modernidad.
El Grupo de los Ocho se presentó oficialmente el 29 de noviembre de 1930 en la Residencia de Estudiantes. Se conformaba por los hermanos Ernesto y Rodolfo Halffter, Salvador Bacarisse, Julián Bautista, Juan José Mantecón, Fernando Remacha, Rosa García Ascot y Gustavo Pittaluga. Este último leyó un manifiesto donde se postularon como continuadores de la renovación musical española, en un movimiento paralelo al de la Generación del 27 en la literatura. Varios de estos visitantes asiduos hicieron luego de México su segundo hogar al huir de la Guerra Civil, entre ellos Rodolfo Halffter, Adolfo Salazar, Jesús Bal y Gay y su esposa Rosa García Ascot. Ella fue una compositora de la que poco conocemos y cuyo trabajo apenas se encuentra en proceso de redescubrimiento; además de de Falla, fue alumna de Nadia Boulanger, con quien estudiaba en París cuando su esposo huyó a México. Allí, Bal y Gay consolidó una carrera como crítico musical, y ella continuó su carrera como concertista, difundiendo con ello la obra de su maestro.
Allegretto de una Sonatina – Rosa García Ascot
Las visitas de personajes célebres continuaron durante el siglo XX y ya entrado el XXI. Compositores como Pierre Boulez, Sofia Gubaidulina y hasta Chavela Vargas recorrieron estos pasillos que, como reza el dicho, si pudieran hablar nos contarían tantas cosas. Quizá por ello Chavela no sólo habitó el lugar, sino que pedía quedarse en la misma habitación que García Lorca como una forma de conectarse con él. Se recuerda que, tras su última visita a la Residencia, se organizó un homenaje al escritor y compositor español. Después volvió a su México —del que se autodenominó originaria con una célebre frase—. Poco después se despidió de los escenarios y también del mundo, dejando tras de sí el halo de misticismo que siempre pareció acompañarla.
La Llorona - Chavela Vargas
Dentro del remanso de este lugar “pensado para pensar”, sin mayor distracción que el desarrollo de las propias ideas, me pregunto qué sería de nuestros espacios universitarios, dedicados a generar conocimiento y arte, si tuvieran esto. La posibilidad de habitar despreocupadamente un espacio donde la tarea primordial es la creatividad, sin la angustia de que se te caiga el techo encima o de si te alcanzará el dinero para terminar la semana, es invaluable. Estos contrastes de la vida han alzado la voz de muchos jóvenes en distintas ciudades del mundo, y México no está alejado de estas demandas y necesidades urgentes para las y los estudiantes de arte. La habitación propia funciona aquí como una analogía de contraste y desigualdad, y se expande a la necesidad urgente de habitar espacios dignos donde se pueda construir conocimiento y, sobre todo, comunidad.
*Montserrat Pérez-Lima. Musicóloga por el Conservatorio Nacional de Música, maestra en Comunicación por la UNAM y maestrante en la Facultad de Música. Es autora de artículos sobre música mexicana y ha impartido ponencias en México, Cuba y España. Escribe notas al programa para diferentes orquestas del país.
@MontseLima_
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