En 2018 se instaló en el discurso oficial una frase que parecía humanista, incluso noble, abrazos no balazos. El problema no fue la frase. El problema fue que se convirtió en política pública. La estrategia del gobierno de Andrés Manuel López Obrador partía de una premisa parcialmente correcta pero peligrosamente incompleta, que la violencia tenía raíces sociales y había que atenderlas. Nadie serio puede negar eso. La exclusión, la pobreza y la falta de oportunidades incuban criminalidad. Pero el Estado …
