En noviembre de 2011 un excompañero de la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Baja California me buscó con insistencia. En ese momento yo tenía la responsabilidad de encabezar la Secretaría de Seguridad Pública de Tijuana. Mi agenda rondaba las dieciséis horas diarias. Aun así, después de varios intentos, accedí a tomar un café con él en mi oficina. Fue directo, sin rodeos. Me dijo que tenía una relación cercana con el dirigente de Morena en Baja California …
