Hubo un tiempo en que había escucha, una escucha casi permanente. Y, entre muchas cosas, escuchábamos campanas... porque su tañido nos marcaba el paso del tiempo: seis de la mañana, mediodía, la una y cuarto, las tres y media, un cuarto de hora para las 6 de la tarde... Ramón López Velarde, ese poeta tan injustamente manoseado por el nacionalismo revolucionario del PRI —siendo como lo fue un católico conservador—, escribió en su Suave Patria que: “...en tu provincia, del …
