En un momento en que las democracias liberales atraviesan una crisis profunda de confianza, el modelo político chino ha dejado de ser un asunto lejano para convertirse en un referente incómodo del debate global. Su énfasis en la eficiencia del gobierno, la estabilidad política y la capacidad del Estado resulta atractivo para muchos ciudadanos y dirigentes que perciben a la democracia representativa como lenta, polarizada e incapaz de ofrecer soluciones concretas. La lógica que subyace a este modelo es relativamente …
