No resulta exagerado afirmar que la República democrática, como forma de gobierno de la libertad y para la libertad, se asfixia en el yugo de un régimen que avanza en la pretensión de instaurar, a toda costa, la más nefasta de las hegemonías políticas posibles: la que concentra en unas cuantas manos el poder político, el poder criminal y el poder corruptor. En nuestro país, se ha borrado la línea divisoria entre la sociedad y el submundo criminal. Los códigos …
