La primera sorpresa no fue el acento ni el uniforme. Fue la pregunta. No surgió en un salón de clases ni durante un ejercicio operativo, sino en una conversación tranquila, cuando el día ya había terminado y el rango dejaba de pesar. A un policía mexicano, durante un curso en Europa, le preguntaron algo que allá parecía evidente y aquí suele incomodar: ¿De verdad necesitan exámenes para saber si un policía es honesto? No era burla. Era desconcierto genuino. En …
