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Periodismo, antes y ahora

Semana 24 en La Aurora. Pocas épocas en las que el periodismo sea tan necesario y pocos momentos en los que se diluye su alcance.

En el Digital News Report, que año con año elabora el Reuters Institute, se señala que “en la mayoría de los países, los medios tradicionales luchan por conectar con gran parte del público y se registra baja confianza, conexión en declive y suscripciones digitales en declive”.

Es un panorama en que “los políticos populistas pueden eludir cada vez más a la prensa tradicional recurriendo a medios partidistas amistosos o a ´personalidades’ e influencers, que a menudo tienen acceso especial, pero rara vez hacen preguntas difíciles. Muchos de ellos difunden falsedades o cosas peores”.

México es uno de los lugares donde esa especie de corte de los milagros adquirió mayor relevancia por el empuje que desde el poder se les dio a personajes intrascendentes, pero almacenadores de diversos resentimientos, que fueron utilizados con eficacia para envenenar el ambiente público.

¿Qué debe hacer el periodismo? Lo que es su naturaleza, buscar historias, checarlas y presentarlas de la manera adecuada.

Decía el maestro Javier Darío Restrepo, que la verdad en las notas periodísticas tenía que ser como una roca de granito, resistente a los ataques que, por necesidad, provienen de grupos de interés cuando se revela información que puede afectarles.

Pero el periodismo trabaja con verdades provisionales, con datos que se ajustan en el tiempo, y que tienen la particularidad de ir moldeando las historias. Por eso, entre otras cosas, es que uno de los valores más altos es el de la credibilidad que, junto con el profesionalismo hacen una dupla que explica, antes y ahora, la capacidad que tienen los medios de comunicación para influir en la sociedad.

Es fortaleza y a la vez desventaja. La primera porque construye publicaciones sólidas y la segunda porque se opera en un ecosistema en el que imperan las falsedades, los inventos y las injurias lanzadas por los que no tienen nade que perder, pero sí cuentan con los soportes necesarios para promover sus infamias, por regla general, contra el propio periodismo.

Lejos de estar perdida la batalla, hay una buena noticia, reportada en el informe de Reuters: “En un mundo cada vez más poblado de contenidos sintéticos y desinformación, todas las generaciones siguen valorando los medios de confianza que cuentan con un historial de rigurosidad, aunque no lo consuman a menudo como antes”.

Buscar, seducir y mantener a esos lectores, es la tarea del buen periodismo, como antes, como ahora y como será mañana.

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