En mayo de este año tuve la fortuna de conocer a Nick Gibb, quien fue ministro de Estado para las Escuelas en Inglaterra durante buena parte de los años 2010-2022. Su ponencia, en una conferencia sobre educación, trató de cómo él y su equipo llevaron a cabo una reforma en el aprendizaje de los niños y jóvenes en Inglaterra, que puede ayudar a explicar por qué, mientras muchos países han caído en las pruebas PISA, los resultados de Inglaterra se han mantenido sólidos.
La clave de su reforma: para poder pensar bien, primero hay que tener conocimientos.
Gibb consideraba que la educación había puesto demasiado énfasis en desarrollar competencias generales, como el pensamiento crítico, la solución de problemas o aprender a aprender, y demasiado poco en asegurar que los alumnos adquirieran conocimientos. Él no argumentaba que pensar críticamente fuera poco importante, sino que es difícil pensar críticamente cuando no tenemos conocimiento concretos.
La reforma llevó esta idea a las escuelas en Inglaterra. El currículo volvió a señalar lo que los niños debían aprender en matemáticas, ciencias, historia, geografía y literatura. Para aprender a leer se impulsó un método para relacionar letras y sonidos (synthetic phonics). En matemáticas se puso énfasis en dominar bien lo básico (algo tan sencillo como las tablas de multiplicar) antes de pasar a lo más complejo. También se promovió la enseñanza explícita por parte del maestro y se fortalecieron las evaluaciones.
En 2009, antes de las reformas, Inglaterra y Escocia tenían casi los mismos resultados en PISA. En matemáticas Escocia tenía 499 puntos e Inglaterra 493. En 2025, Inglaterra obtuvo 492 y Escocia 467. Una diferencia de 25 puntos. En ciencias la brecha es también de 25 puntos a favor de Inglaterra. Esto no prueba que todo se debió a la reforma inglesa, pero estas diferencias son importantes.
Escocia tomó un camino diferente. Su reforma educativa, también iniciada alrededor de 2010, dio mayor importancia a capacidades generales, interdisciplinariedad y flexibilidad curricular. De hecho, años después la propia OCDE recomendó a Escocia fortalecer el papel que debía tener el conocimiento dentro de su currículo.
Esta comparación es relevante pues México está tomando un camino que se parece más al caso escocés. La Nueva Escuela Mexicana privilegia campos formativos, interdisciplinariedad, comunidad y pensamiento crítico. Son objetivos importantes, pero vale la pena preguntarnos si estamos asegurando al mismo tiempo que todos los niños aprendan bien a leer, matemáticas, ciencias, historia y otros conocimientos básicos.
Esto es fundamental para los niños más pobres. Un niño de una familia con mayores recursos puede adquirir fuera de la escuela mucho de lo que no aprende dentro: libros, conversaciones, viajes, clases adicionales, internet. Un niño en pobreza depende mucho más de lo que la escuela le pueda enseñar. Si la escuela no garantiza una base común y sólida de conocimientos, en vez de igualar oportunidades podemos estar ampliando las diferencias. Los malos puntajes de México en PISA vienen desde antes de la Nueva Escuela Mexicana. Pero vale la pena preguntarnos si estamos tomando el camino correcto para revertirlos.
Hay muchas otras variables que explican la caída de muchos países, México incluido, en las pruebas PISA, pero creo que Inglaterra nos recuerda una obviedad: no podemos comprender y pensar críticamente sobre aquello que no conocemos.
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