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PISA y la brújula perdida

El Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes (PISA) de la OCDE es un estudio internacional periódico que mide las habilidades de jóvenes de 15 años para aplicar sus conocimientos de ciencias, lectura y matemáticas ante retos reales. Su importancia radica en que es un confiable reflejo de la calidad de los sistemas educativos y es también un sólido predictor del éxito económico de las naciones a largo plazo.  El desempeño en PISA está estrechamente correlacionado con la capacidad de innovación y el crecimiento de las economías (https://international-education.blog/measurement-counts-international-student-tests-and-economic-growth/ ).

Los resultados globales de 2025, presentados la semana pasada, (https://www.oecd.org/content/dam/oecd/en/publications/reports/2026/09/pisa-2025-results-volume-i_5265bfb1/73451bc5-en.pdf ) revelan un sombrío panorama de deterioro prácticamente generalizado. La OCDE registró el promedio más bajo de su historia en las tres áreas evaluadas, con caídas especialmente agudas en matemáticas y lectura. La comprensión lectora sufrió el declive más severo, perdiendo 35 puntos desde 2012 en promedio en la OCDE (serie de 23 países).

Este desplome no responde únicamente a la pandemia. PISA atribuye la caída a factores estructurales: la distracción por el uso recreativo de dispositivos digitales dentro de las aulas, el preocupante incremento de "lectores apresurados" que asimilan la información de forma superficial, y la alarmante pérdida de perseverancia y curiosidad de los estudiantes.

En este contexto, la posición relativa de México es alarmante. El país acentuó su caída histórica en matemáticas y lectura, registrando sus peores puntajes desde 2006. México se colocó en el lugar 37 de los 38 países de la OCDE, con un promedio general de 403 puntos. La brecha frente al promedio de la organización en matemáticas alcanzó los 75 puntos (equivalente a más de tres años de escolaridad). Es de subrayar que 41.8% de los alumnos mexicanos no alcanzó el nivel básico en ninguna de las tres áreas principales, mientras que la excelencia escolar es casi inexistente, con apenas un 0.5% de estudiantes destacados en matemáticas. Asimismo, 70.5% de los estudiantes mexicanos asiste a escuelas con insuficiencias de materiales.

Ante este retroceso, el debate sobre cómo evaluar vuelve a ser urgente. Las economías más competitivas del mundo aplican exámenes estandarizados obligatorios frecuentemente. La supuesta disyuntiva entre pruebas estandarizadas y evaluaciones formativas es un falso dilema. Los sistemas de éxito combinan ambos métodos: la evaluación estandarizada es el baremo indispensable para verificar que ninguna escuela se quede rezagada, mientras que la formativa es el referente cotidiano para ajustar la enseñanza en el aula.

La aversión de los gobiernos de la llamada "cuarta transformación" a las evaluaciones estandarizadas ha tenido implicaciones severas. Tras la disolución del INEE en 2019 (eliminándose la prueba nacional PLANEA) y la extinción de Mejoredu en 2024, el gobierno adoptó diagnósticos internos no comparables en los que la SEP actúa como juez y parte. Sin un órgano independiente del gobierno a cargo de las evaluaciones y sin bases de datos públicas que revelen las brechas objetivas existentes, el país conduce a ciegas su política educativa.

Esto representa una flagrante contradicción, puesto que al mismo tiempo que el gobierno aspira a aumentar el crecimiento económico y apuesta por el Plan México, ese miso gobierno también desmantela las métricas necesarias para diagnosticar y mejorar el capital humano indispensable para acelerar el crecimiento de la economía. La creciente informalidad laboral y la caída en la productividad total de los factores —en constante deterioro durante los últimos 25 años— se retroalimentan con este rezago educativo, mermando los salarios futuros de las nuevas generaciones. Sin una brújula objetiva y basada en evidencias es imposible corregir el rumbo, evaluar la efectividad y lograr claridad sobre qué mantener y qué cambiar de la Nueva Escuela Mexicana.

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