El mes de abril trajo consigo un incremento anual de los precios al consumidor de 4.45%, superior al del mismo mes del año anterior. La inflación subyacente (precios menos volátiles y más estrechamente vinculados a la estructura económica) y la no subyacente (precios más volátiles y sujetos a contingencias o a decisiones discrecionales de gobierno) también presentaron crecimientos superiores a los del año pasado.
La inflación subyacente creció 4.26% anual; los precios que más aumentaron fueron colegiaturas (5.96%), alimentos, bebidas y tabaco (5,35%) y otros servicios (5.24%, e incluye loncherías, fondas, taquerías, restaurantes y similares entre otros. Alimentos procesados y servicios de comida están vinculados a insumos del campo.
La inflación no subyacente fue de 5.08% anual. Los precios que más crecieron fueron los agropecuarios (7.98%) y las tarifas autorizadas por el gobierno (6.54%). Aquí se ubica uno de los principales determinantes de la inflación de los últimos años, los precios de frutas y verduras y productos pecuarios.
Puede haber explicaciones como sequía o inundaciones, factores extraeconómicos como extorsión y pago de derechos de piso y de paso o mayor gasto en seguridad del transporte, así como la desaparición de programas de gobierno destinados a promover la inversión y producción agropecuaria, pero el hecho es que en abril pasado frutas y verduras registró un crecimiento anual de 21.43%.
En detalle, el crecimiento mensual de los precios de productos que regularmente consumen las familias fue de dos dígitos: chile poblano, 41.42%; chile serano, 36.27%; otros chiles frescos, 26.46%; jitomate, 19.25%, y papa, 12.23%.
En otra cancha se ubica el impacto de los aumentos en las tarifas autorizadas por el gobierno, como el transporte público, así como el efecto de las “cuotas aplicables al consumo de productos nocivos para la salud, como las bebidas saborizadas y los tabacos labrados”, que, en el primer trimestre permitieron un incremento de 8.8% real anual en los ingresos del IEPS distinto de gasolinas y diésel.
En este escenario, la política monetaria quedó al margen, pero el Banco de México debe ceñirse a su mandato único y no perder credibilidad, con decisiones alejadas del control inflacionario, como sucedió recientemente.
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