Hay razones profundas para estar preocupados por el colapso que vemos cada día más cercano, cuya única interrogante es su tamaño y potencial devastador.
La presidenta se muestra sin ideas para algo más que llamados sin credibilidad a la unión nacional en defensa de la soberanía, mientras descalifica a más de la mitad de sus gobernados.
Cuando habla de “unidad nacional” se refiere a Morena, el PT y el Verde, causantes todos de la pérdida de la gobernanza interna, del hoyo negro por donde se desliza la economía y la expansión del crimen organizado hasta latitudes inimaginables.
Hace unos días el general Dagvin Anderson, jefe del Comando de África del gobierno de Estados Unidos, dijo ante el Comité de Servicios Armados del Senado que en 11 de 12 grandes laboratorios de drogas incautados en ese continente había presencia de cárteles mexicanos.
Dijo que en “la incautación de cocaína más grande de la historia”, en África, valuada en mil millones de dólares, estaban implicados cárteles mexicanos.
¿Hasta en África? Sí, hasta en África, para mandar cocaína a Oriente Medio, Europa y también a Estados Unidos.
Abundan las noticias de las asociaciones de gobiernos de Morena con los cárteles del narcotráfico, que tienen en jaque la soberanía que sí necesitamos defender: el derecho a vivir razonablemente en paz, con gobiernos que gobiernen para los ciudadanos y no para los cárteles que matan y desaparecen a cientos de miles de personas.
Desde África hasta Morelos están los cárteles y sus leyes.
El obispo de Cuernavaca (y presidente de la CEM), Ramón Castro y Castro, denunció que en el municipio de Huautla los grupos criminales le cobran a la gente 200 pesos a la quincena por vivir en su propia casa.
Con valentía, el obispo hizo público que “los del Cártel Jalisco Nueva Generación y los de la Familia Michoacana impusieron como pago obligatorio de 200 pesos por cada habitante de una casa. Si son 5 personas las que habitan la casa, las familias deben pagar mil pesos quincenales a los personajes de ambos cárteles”.
Extorsionan a los pobres por vivir, a los empresarios por fabricar, a los productores agrícolas por cosechar, a los transportistas por transportar y a los comerciantes por vender.
Y el que no paga que se atenga a las consecuencias.
Ayer oí, en Ciro por la Mañana, a una señora de Mazatlán, Adriana García, que clamaba a su familiar desaparecido: “Hermanito, sé fuerte, ten fe, no te rindas”.
¿De qué soberanía habla la presidenta?
En Palacio presumía cómo mejoró la seguridad “en seis años”.
Lo que la presidenta hace es negar y, por añadidura, proteger a la mafia criminal e inepta que permeó en Morena y en los gobiernos estatales.
La gobernadora interina de Sinaloa dijo que el nombramiento del general de División Gerardo Mérida (que se entregó y está preso en Nueva York por narcotráfico) fue una instrucción de la Secretaría de la Defensa Nacional.
¿Qué es eso?
Estados Unidos anunció que en dos meses se van a restringir los envíos de remesas de inmigrantes en situación ilegal.
Las pérdidas multimillonarias de Pemex son mayores a las reportadas.
Estamos a un paso de perder la calificación soberana de las calificadoras.
A fin de año la deuda pública llegará a 60 por ciento del PIB (superior a la que dejó la docena trágica del populismo).
La economía no crece.
Nadie renuncia y el país sigue en el tobogán autodestructivo.
Estamos en la antesala de un colapso cuya dimensión depende, en gran medida, de lo que la presidenta haga o deje de hacer por México.
Recomendar Nota
