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Superávit bajo presión, señal de alerta en el campo

México todavía vende más alimentos de los que compra, pero esa ventaja se está reduciendo. De enero a agosto, el superávit agroalimentario alcanzó 4,283 millones de dólares, 13.1% menos que en el mismo periodo del año pasado. Las importaciones crecieron al doble de las exportaciones: 5.1% contra 2.5%. En agosto, la balanza cerró con un déficit mensual de 165 millones de dólares. Es una tendencia que merece atención.

Hay, desde luego, motivos para presumir. Las exportaciones de tequila crecieron 15.5% y las de ganado bovino, junto con la carne, 9.6%. El sector hortofrutícola registró un superávit de 10,394 millones de dólares, más del doble del saldo agroalimentario total.

No obstante, ese éxito coincide con algunas señales de desgaste: las ventas de aguacate cayeron 13.2% y las de berries, 3.4%. El GCMA atribuye parte del freno al endurecimiento arancelario de Estados Unidos y a la apreciación del peso. A ello se suma la incertidumbre que generan las revisiones anuales del T-MEC para una de las cadenas de valor más integradas de la región.

Nuestra debilidad más preocupante está en los granos y las oleaginosas, cuyo déficit conjunto asciende a 7,348 millones de dólares. El sector pecuario registra otro de 5,500 millones. En maíz, las importaciones de enero a agosto alcanzaron un récord de 17.1 millones de toneladas, casi todas desde EU La producción nacional prevista para 2026, de unos 22.7 millones de toneladas, sería apenas 3% menor que la del ciclo anterior, ante una demanda de 48 millones.

México es el séptimo productor mundial de maíz y, al mismo tiempo, su principal importador.

La brecha productiva es uno de los factores críticos para entender esas importaciones: el rendimiento medio del maíz mexicano es de 3.8 toneladas por hectárea, frente a 6 toneladas del promedio mundial y 11.2 de EU (GCMA, 2026). La Encuesta Nacional Agropecuaria 2025 del INEGI apunta en la misma dirección: los siete granos básicos produjeron 30.8 millones de toneladas, menos que en 2022; sólo el frijol avanzó 22%. El temporal también pesa: más de siete de cada diez hectáreas están sujetas a las lluvias. La autosuficiencia en granos y oleaginosas, de 44.1% según el GCMA, está muy por debajo de la referencia de la FAO, de 75%.

¿Qué hace el gobierno con ese diagnóstico?

El proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación 2027 contempla 88,759 millones de pesos para SADER, un aumento de poco más de 13% en términos reales. Sin embargo, diversos programas sufren recortes: Fertilizantes para el Bienestar pierde 9.5% real; Producción para el Bienestar, 5.7%. La infraestructura hidroagrícola recibe sólo 1,500 millones de pesos. Los recursos para el acopio, que respalda la comercialización, también disminuyen 22%, mientras el programa Comercio Justo tiene 11,860 millones asignados. La distribución del gasto parece priorizar los precios y el abasto sobre el fortalecimiento de las capacidades productivas.

Un campo que rinde poco por hectárea depende más de las cosechas ajenas, en buena medida de las estadounidenses. Sin atender el rezago en la productividad, México puede conservar su éxito exportador en algunos productos emblemáticos, pero nuestro campo seguirá expuesto a asumir los costos de sus insuficiencias estructurales. La seguridad alimentaria exige producir cada vez más y mejor.

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