Durante demasiado tiempo, digo siglos, nos hemos empeñado en entender la ética como un conjunto de valores a los cuales hay que ceñirse para hacer el bien, sea que se expresen como imperativos categóricos o como códigos de principios superiores. Sin embargo, ha mostrado su fracaso, pues no basta con cumplir un código -implícito o explícito- para hacer el bien. Esa forma de entender y practicar la ética tiene dos fracturas, por lo menos, con independencia de sus buenas intenciones. …
