Cada cuatro años escuchamos lo mismo. Que la selección mexicana es mediocre. Que no tiene nivel internacional. Lo curioso es que, cuando uno revisa la evidencia y no los lugares comunes, descubre que esa visión pesimista está muy lejos de la realidad.
México no es una potencia mundial del futbol. No somos Argentina o Francia. Pero tampoco somos el equipo irrelevante que muchos imaginan. Por el contrario, somos una selección respetada, competitiva y extraordinariamente consistente en las Copas del Mundo.
Desde el Mundial de Estados Unidos en 1994, 77 países han jugado en al menos en uno de ellos, y solamente seis han calificado a los nueve organizados hasta la fecha (incluido el que empieza mañana). México forma parte de ese selecto grupo junto con Alemania, Argentina, Brasil, Corea del Sur y España. Muchas selecciones históricas no pueden presumir lo mismo. Países Bajos, por ejemplo, ha tenido generaciones brillantes y finales mundialistas, pero no ha estado presente en todos los mundiales de este periodo.
Más aún, de esas seis selecciones que han asistido a todos los mundiales desde 1994, únicamente Argentina, Brasil y México han conseguido avanzar a la segunda ronda en al menos siete de los ocho torneos disputados. Potencias indiscutibles como Francia, Alemania o Portugal no han mostrado esa misma regularidad. La consistencia mexicana no es una percepción, es un hecho estadístico.
Y no se trata solamente de pasar a la segunda ronda. A lo largo de los años, México ha protagonizado actuaciones memorables en fase de grupos. Hemos calificado por encima de selecciones históricas como Italia, Francia o Alemania. Hemos competido de tú a tú contra algunas de las mejores generaciones del futbol mundial. Quien enfrenta a México sabe que tendrá un partido complicado.
Es cierto que seguimos persiguiendo la asignatura pendiente de superar los octavos de final fuera de casa. Nadie pretende ocultarlo. Pero también es cierto que hace mucho tiempo que México dejó de ser un rival cómodo. Para ganarle a México hay que sufrir y jugar muy bien y sin errores.
Además, junto con Argentina y Brasil, México es uno de los grandes animadores de cada Copa del Mundo. Pocos países movilizan tantos aficionados. Pocas aficiones hacen sacrificios económicos tan grandes para acompañar a su selección. Cada mundial vemos a miles de mexicanos cruzar continentes, empeñar ahorros y hasta lo que no tienen para apoyar a nuestro equipo. Esa pasión también juega.
Mañana empieza una travesía que deseo sea venturosa para los nuestros. Los directivos han hecho un gran trabajo. Tenemos al mejor cuerpo técnico de nuestra historia, y lo más importante: tenemos equipo.
Nuestros jugadores no son los mejores del mundo en su posición, pero sí son EQUIPO. Y un muy buen equipo que está dispuesto a todo.
México será un equipo digno, competitivo y muy difícil de vencer. Ojalá que en esta ocasión, además de la entrega, la organización y el talento, tengamos también ese pequeño ingrediente de fortuna para ser de los mejores del mundo.
¡Nos va a ir bien!
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