Durante la hiperglobalización de los últimos 40 años, hubo una pérdida de empleos en Estados Unidos y Europa atribuida al libre comercio, a la migración y a la salida de inversiones, pero la mayor pérdida de empleos debe atribuirse al cambio tecnológico, como la llegada de internet y de la inteligencia artificial.
Los populismos de derecha e izquierda han surgido con gran fuerza apoyados en las fallas del neoliberalismo. La extrema derecha acecha, como lo evidencian la llegada al poder del segundo gobierno de Donald Trump y la amenaza de gobiernos de ultraderecha en Francia y Alemania, lo que pondría en riesgo grave la existencia de la Unión Europea. La extrema izquierda también representa una amenaza para la estabilidad democrática.
Una sociedad democrática que permite la intolerancia sin límites puede destruirse a sí misma. Estados Unidos atraviesa por una gran inestabilidad política e incertidumbre económica, lo que afecta a la economía y política globales. Presenciamos serias amenazas al orden global.
La imposición de aranceles por parte del gobierno estadounidense constituye una seria violación de la OMC. La amenaza de Trump de apropiarse de Groenlandia podría derivar en el fin de la alianza atlántica, incluida la OTAN.
Los países más pobres se han visto gravemente afectados por la cancelación de la ayuda al desarrollo de Estados Unidos, con consecuencias globales graves, incluida la pérdida del poder suave de Estados Unidos frente a China.
La Unión Europea y Japón recientemente aceptaron acuerdos comerciales inequitativos frente a Estados Unidos debido a la necesidad de contar con su protección militar. Europeos y estadounidenses buscaron la integración de los países de Europa central y oriental en la Unión Europea y en la OTAN, tras la caída del imperio soviético.
El punto de quiebre llegó con la invasión rusa de Ucrania. Rusia podría invadir otros países colindantes con Europa, que nunca se preparó para su defensa sin Estados Unidos. En Japón ocurre algo similar con China. Trump busca sacarle ventaja a dicha situación. Mientras tanto, Europa y Japón se rearman. Francia extiende su paraguas militar atómico al resto de Europa, cubriendo el vacío que deja Estados Unidos.
Los perdedores de la globalización se han rebelado y el populismo ha ganado fuerza. Los gobiernos estadounidenses anteriores fueron incapaces de compensar a los perdedores de la globalización. Trump culpa a sus empresas multinacionales, como la automotriz, de la pérdida de empleos, a la vez que acoge a las grandes empresas tecnológicas como Microsoft, Amazon, Google y Tesla, fundamentales en el auge de la inteligencia artificial y del mercado bursátil.
El trumpismo hoy ataca a sus universidades y reduce sus presupuestos, a la vez que hostiga a los extranjeros en su país, lo que afecta su desarrollo científico y tecnológico. El nacionalismo económico retrasa la capacidad de innovación. El trumpismo económico le impone a la economía global y a México la necesidad de diversificarse frente a Estados Unidos. México debe acelerar su diversificación, pero la cercanía y el tamaño del mercado estadounidense lo dificultan.
La Unión Europea y China deben asumir el liderazgo que Estados Unidos ha puesto de lado y fortalecer sus lazos con el resto del mundo. El bastón de mando democrático lo lleva Europa frente al autoritarismo de Estados Unidos, Rusia y China. Las instituciones estadounidenses están enfrentando una dura prueba de resistencia.
La integración y la cooperación económicas, así como un mejor funcionamiento de los organismos y acuerdos internacionales, son condiciones necesarias, aunque insuficientes, para mantener la paz global. La gran pregunta es cómo lograr un nuevo equilibrio global que asegure la prosperidad y la paz, pero sin Estados Unidos.
