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El magisterio de la mirada del papa León XIV

Cada papa imprime un sello especial a su pontificado a través de su magisterio, es decir, de las enseñanzas que se sumarán a la tradición milenaria de la Iglesia. Los mensajes son polifónicos, si bien hay una melodía dominante. Así, Juan Pablo II insistió en la dignidad y los derechos de las personas, Benedicto XVI, en la relación entre la razón y la inteligencia de la fe, y Francisco, en la misericordia.

En los meses que lleva León XIV en la silla de San Pedro ha tenido tiempo suficiente para indicar cuál será el tema dominante de su pontificado. Me parece que son tres los elementos que lo van definiendo.

El primero está marcado por su espiritualidad. Cual hijo de San Agustín, manifiesta una clara e inequívoca confianza en el amor de Dios, antes que en el voluntarismo de la acción humana. Me recuerda mucho la obra de Tirso de Molina El condenado por desconfiado. Al final de la vida se salva quien, a pesar de sus faltas y fragilidad puso toda su esperanza en Dios, antes de quien, pagado de sí mismo, desconfió de su misericordia.

La segunda característica radica en su insistencia en la necesidad de promover una paz desarmada y desarmante, motivo de sus primeras palabras al pueblo de Dios desde el balcón de la logia, y el cual desarrolló en su mensaje al cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede. Ha sido motivo de muchas reflexiones entre las cuales destacan, a mi juicio, las del programa en YouTube, Diálogos en la Esperanza, bajo la conducción del P. Eduardo Corral. No se trata de un pacifismo a ultranza, sino de la valentía, del arrojo de promover la paz impulsando una cultura de diálogo y encuentro construida desde las más cotidianas relaciones personales, hasta la convivencia internacional.

Si bien los dos anteriores han sido constantes en sus mensajes, sólo adquieren significado en el tercer componente, el cual me atrevo a llamar el “magisterio de la mirada”. Dos textos me parecen de la mayor importancia para entenderlo, la Exhortación Apostólica Dilexit te” y el mensaje del cuarto domingo de cuaresma.

En su breve mensaje, rechaza la idea de la fe como una renuncia a la razón, un acto ciego, “una convicción religiosa que nos lleva a alejar la mirada del mundo”. La fe, por el contrario, es un asentimiento racional que nos permite mirar el mundo con los ojos de Jesús de Nazaret para, desde esa mirada, atender las situaciones de “injusticia, violencia y sufrimiento” que marcan nuestro tiempo. La fe como una forma de vida “despierta, atenta y profética” que nace del contemplar a Cristo para poder mirar desde Cristo. Su mensaje me recordó la mística de la atención propuesta y practicada por Simon Weil, la cual consideraba una forma muy elevada de oración, y que de suyo la llevó a dar un radical testimonio de amor a las personas desde Jesús de Nazaret. Volveremos sobre este magisterio en próxima entrega.

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