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España no debe pedir perdón

Madrid.- Esta semana el rey Felipe VI mencionó (en el Museo Arqueológico Nacional), que a pesar del afán de la corona por proteger a los indígenas, se cometieron abusos en aquellos años ante la llegada de los españoles a nuestro país. Felipe VI refirió esos abusos del pasado en un fallido intento de acercamiento en las relaciones con México, muy deterioradas con Claudia Sheinbaum, por no haber pedido perdón por la Conquista de México, como le había exigido por carta Andrés Manuel López Obrador. Obviamente, la presidenta Sheinbaum desdeñó burlonamente las palabras del monarca español, al calificarlo como “un gesto de acercamiento” y que “no es todo lo que hubiéramos querido”.

A ver, a ver…

Aquel conflicto se produjo entre una expedición militar de 400 hombres de la corona de Castilla y Aragón contra el imperio Azteca. La caída de Tenochtitlán se logró gracias a la alianza que estableció Hernán Cortés y su ejército con diversos pueblos indígenas (principalmente los tlaxcaltecas) enemistados con los mexicas. El resultado fue la derrota de los aztecas y el nacimiento de una maravillosa nación mestiza.

Una cosa debe quedar clara: EN AQUELLOS LEJANOS AÑOS (1521) NI MÉXICO NI ESPAÑA EXISTÍAN COMO ESTADO-NACIÓN, POR LO QUE RESULTA ABSURDA UNA EXIGENCIA AL REINO DE ESPAÑA EN PLENO SIGLO XXI.

Si el mundo siguiera la misma absurda lógica de AMLO y Sheinbaum, países como España, Portugal, Reino Unido, Grecia, Israel (Judea), Turquía, Bélgica, Egipto, Macedonia, Bulgaria, Rumania, Austria y Hungría deberían exigir al gobierno de Italia se disculpe públicamente por las múltiple atrocidades cometidas (en nombre del Cesar en turno) por los ejércitos romanos. Vale la pena recordar que las legiones romanas no eran propiamente la madre Teresa de Calcuta. Habría que ver si la señora Meloni aceptaría una exigencia de esa naturaleza a su gobierno.

Y por qué no, aprovechando la coyuntura absurda, también habría que exigir la disculpa pública a los árabes, que a espada y fuego, conquistaron buena parte de los territorios de Oriente Medio, el norte de África hasta España (Al-Ándalus). Ahí también se produjeron barbaridades que, a la luz de la ridícula lógica de AMLO y Sheinbaum,  merecerían una disculpa pública. Y, por qué no, habría que exigirle a Noruega, Suecia y Dinamarca pedir perdón arrodillados por las calamidades cometidas por sus sanguinarios guerreros vikingos (entre los siglos VIII al XI, no fueron pocos días) contra las islas británicas (Inglaterra e Irlanda), Francia, Islandia, Kiev, Nóvgorod, el sur de Italia y en algunas incursiones en Constantinopla. Faltaba más…

Lo que AMLO y Sheinbaum omiten mencionar es que en 1836 ambas naciones firmaron un TRATADO DEFINITIVO DE PAZ Y AMISTAD ENTRE MÉXICO Y ESPAÑA. En ese documento, se reconoce a México como una nación LIBRE, SOBERANA E INDEPENDIENTE. Asimismo, en el texto se declaró el TOTAL OLVIDO DE LO PASADO, junto con una amnistía general para mexicanos y españoles. Igualmente, en 1990 en Oaxaca, el rey Juan Carlos I admitió (frente a diversos representantes indígenas) que a pesar de los esfuerzos de la monarquía de aquellos años por defender la dignidad de los indígenas, se cometieron abusos.

HOY NO DEBE ESPAÑA PEDIR PERDÓN ALGUNO. Hoy, la petición de AMLO y Sheinbaum es parte de su patética estrategia de señalar culpables por doquier, con tal de eludir su responsabilidad ante sus fracasos, sus corruptelas, sus ineptitudes, sus complicidades criminales, sus aspiraciones tiránicas y el perverso deterioro que estos personajes han producido en la relación entre dos naciones hermanas.

¡Viva México! y ¡Viva España!