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El memorándum perdido

Hace un par de semanas la c. presidenta Sheinbaum se reunió con un grupo destacado de economistas para escuchar sus recomendaciones para retomar el crecimiento económico. De ese encuentro surgió una nota que la primera mandataria habría enviado a su gabinete, gobernadoras y gobernadores, jefa de gobierno de la CDMX, presidentes municipales, alcaldes y alcaldesas, pero que alguien mantiene perdida:

La situación internacional es grave. El mundo enfrenta mayor incertidumbre, tensiones comerciales, realineamientos productivos y una competencia tecnológica cada vez más intensa. El margen para improvisar se ha reducido. Para México, este escenario coincide con una revisión decisiva del T‑MEC. Debemos afrontarla desde una posición de fortaleza. Sin embargo, los resultados económicos de los últimos siete años han sido insuficientes frente a la magnitud de nuestras necesidades: no han avanzado al ritmo que exige erradicar la pobreza extrema, ampliar la clase media y recuperar la confianza en el futuro.

Se requiere un golpe de timón. El objetivo es claro: una senda de crecimiento incluyente, vigorosa y sostenida para alcanzar una prosperidad compartida. Esto solo será posible si elevamos la productividad, ampliamos el PIB potencial y asumimos, sin ambigüedades, que la inversión productiva es condición indispensable del desarrollo.

Productividad significa que el esfuerzo del pueblo rinda más: que producir, emprender, invertir o prestar servicios cueste menos tiempo, enfrente menos obstáculos y genere mejores resultados. El PIB potencial es la capacidad de crecer más durante muchos años sin desorden macroeconómico. No son conceptos técnicos: marcan la diferencia entre un país donde el trabajo alcanza y otro donde se trabaja mucho y se avanza poco.

La productividad comienza en lo local. Presidentas y presidentes municipales, jefa de gobierno de CDMX, alcaldesas y alcaldes concéntrense en lo esencial: agua potable sin fugas, drenaje, alumbrado, desechos sólidos, calles transitables, permisos claros y ágiles, y seguridad pública local. Cada trámite innecesario, cada extorsión tolerada y cada vuelta inútil impuesta al ciudadano destruye productividad. Los privilegios y la corrupción la anulan.

A gobernadoras y gobernadores les corresponde crear el entorno estatal que permita escalar esa productividad: seguridad efectiva, certeza jurídica, transporte público, conectividad, energía confiable, simplificación de la regulación, capacitación técnica y condiciones para la innovación. Sólo un estado que forma capacidades y facilita la adopción tecnológica crea sus propias oportunidades de crecimiento.

Al gabinete federal le fijo un criterio único: ayudar a que el esfuerzo del pueblo rinda más. Hacienda protegerá la estabilidad y reorientará el gasto hacia infraestructura productiva. Infraestructura y Comunicaciones acelerarán la conectividad y la logística. Pemex y CFE deben generar remanentes en su operación. Educación y Salud elevarán el capital humano. Seguridad reducirá la fricción criminal que encarece toda la economía.

Instruyo el uso pleno de los instrumentos del Estado, incluida la banca de desarrollo. Nafin, Banobras, Bancomext y las demás instituciones financieras públicas deben financiar proyectos productivos, acompañar a las pequeñas y medianas empresas, detonar infraestructura estratégica y apoyar a municipios sin acceso al crédito comercial. La banca de desarrollo es una palanca de crecimiento.

Ratifico el respeto absoluto a la autonomía del Banco de México y a su mandato: proteger el poder adquisitivo. Para eliminar ambigüedades, impulsaré una reforma administrativa que alinee a todo el gobierno hacia el objetivo de elevar la productividad. En ese marco, la nueva Secretaría de Economía e Innovación será la responsable del crecimiento económico, con atribuciones, recursos y metas claras. La responsabilidad de concretar el desarrollo económico está en los ejecutivos federal, estatales y municipales. La estabilidad de precios corresponde al banco central, sin confusión de mandatos.

Gobernar es cumplir: fijar metas medibles, plazos y responsables; reducir fricciones que encarecen invertir; y asegurar que la ley se aplique por igual. Con unidad, disciplina y ejecución, México puede volver a crecer, sin dispersión y privilegios ni corrupción. Doy el primer paso: se acabaron las mañaneras. Son tiempos de unidad.

Al margen
Todos los errores, omisiones, deseos y aciertos de este escrito imaginario son responsabilidad exclusiva del autor.

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