Madrid.- Este sábado se reunirán en Barcelona diversos líderes políticos en torno a una cumbre “progresista”, convocados por el presidente español Pedro Sánchez bajo el curioso título “En defensa de la democracia”.
Esta cumbre ha resultado un fiasco de convocatoria a la que sólo asistirán los presidentes de siete naciones del mundo y que no animó a participar ni a los principales gobiernos de Europa ni a la oposición norteamericana. Es de esperarse que Pedro Sánchez (a tres semanas de las elecciones andaluzas, donde el PSOE enfrenta una gran posibilidad de descalabro) busque lucirse al lado de Lula da Silva (Brasil), Claudia Sheinbaum (México), Cyril Ramaphosa (Sudáfrica), Gustavo Petro (Colombia), Yamandú Orsi (Uruguay), Mia Mottley (Barbados) e Inga Ruginiené (Lituania). Presumen la participación de 100 partidos progresistas del mundo y calculan tres mil asistentes a este numerito de la progresía global.
Pero volvamos al título de la cumbre “En defensa de la democracia”. Ahora resulta que Pedro Sánchez quiere posicionarse como paladín en la defensa democrática, cuando para permanecer en el poder lo hace por medio de una alianza perversa con partidos que son la representación política del grupo terrorista ETA (Bildu), así como con partidos separatistas catalanes. Todo, menos democracia. Pretenderán presentar a Lula da Silva como un demócrata a toda prueba, haciendo de lado los graves hechos de corrupción durante su primer mandato (y también durante el gobierno de Dilma Rousseff) por los que estuvo dos años en prisión. Sin duda en esta cumbre buscarán ensalzar a Claudia Sheinbaum como “demócrata”, mientras en México se vive una pesadilla gracias a su gobierno (socio cínico de los cárteles de la droga) que no deja de producir graves fracasos gubernamentales, corrupción por doquier, irresponsable gasto público y miles de muertos (más de 200 mil asesinatos desde que han gobernado AMLO y Sheinbaum).
De algo podemos estar seguros. Será una cumbre multitemática en la cual veremos un “frente anti-Trump”; un “frente contra la ultraderecha”; un “frente anti-Israel” o un “frente contra la OTAN”, temas con los que esos gobiernos y esos partidos “progresistas” pretenderán darse un rostro impoluto y presentar una narrativa distinta a sus acumulados fracasos, despropósitos y corruptelas. Esta cumbre de Barcelona será una oda a la demagogia; un homenaje a las tiranías con disfraz democrático, un himno a la desfachatez. Será la fiesta de los cínicos.
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