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La inteligencia artificial: ángel y demonio

En el libro Geopolítica y diplomacia en el ciberespacio, Carlos de Icaza (embajador emérito de México) y Luisa Solchaga, analizan la transformación del orden internacional bajo el impacto de la revolución tecnológica y de la IA, ambas convertidas en el eje de la política y la seguridad globales.

En su libro nos dicen que la ciberdiplomacia busca desarrollar estándares de conducta responsable para fortalecer la ciberseguridad. Presenciamos una “guerra fría tecnológica” entre EU, orientado al mercado y a la innovación; la Unión Europea, orientada a los derechos humanos, y China, con visión de Estado.

De Icaza y Solchaga nos advierten que no existe un marco normativo universal para la IA, pero sí un pacto digital global en la ONU para cerrar la brecha digital y la Convención de Budapest contra el cibercrimen. La Convención Marco del Consejo de Europa sobre IA es el primer tratado internacional jurídicamente vinculante que integra los derechos humanos y la democracia.

En el libro sostienen correctamente que la tecnología no es la amenaza, sino su gestión. El mayor desafío político y ético de nuestro tiempo es alcanzar acuerdos vinculantes que regulen la IA y eviten que la brecha digital profundice la desigualdad global.

Jake Sullivan, asesor de Seguridad Nacional durante el gobierno de Joe Biden (ver The Tech High Ground, en Foreign Affairs), sostiene que Estados Unidos debe mantener una ventaja competitiva frente a China para producir tecnologías avanzadas que disuadan y mantengan la paz, en particular en el estrecho de Taiwán.

Sullivan sostiene que Washington debe promover una infraestructura digital global segura que respete la privacidad de los datos. Defiende los controles de exportación de semiconductores avanzados, a la vez que se mantiene el comercio de la agricultura (ventaja de EU) y de bienes de consumo (ventaja de China).

A pesar de su competencia, EU y China deben cooperar en asuntos que son amenazas inminentes para la humanidad como el cambio climático, la proliferación nuclear, la prevención de pandemias y la inteligencia artificial.

La IA puede aportar beneficios maravillosos en el aumento de la productividad y en el desarrollo de la medicina, pero también representa grandes riesgos, como la pérdida de empleos, la desinformación masiva, la pérdida de privacidad y el desarrollo de armas autónomas letales.

La cooperación global en inteligencia artificial debe ser una prioridad. Claude Mythos, el nuevo modelo de inteligencia artificial (IA) de Anthropic ha generado alarma global por su capacidad para explotar vulnerabilidades en los sistemas operativos. Un adversario solo necesita explotar una vulnerabilidad crítica para provocar una disrupción global. Los ataques pueden lanzarse de forma económica y a gran escala, mientras que la defensa requiere enormes recursos.

En el conflicto entre Estados Unidos e Irán, este último utilizó drones baratos para eludir costosas defensas convencionales y controlar el estrecho de Ormuz. La interrupción de las cadenas de suministro globales y de los flujos energéticos puede derrotar a potencias consideradas superiores.

Mantener una ventaja en IA no garantiza la seguridad, ya que los adversarios acabarán por identificar y explotar las fallas. La amenaza de una "disrupción económica mutua asegurada" debería impulsar a EU y China a negociar un acuerdo sobre el desarrollo y uso de la IA, que incluya la capacidad de la IA para iniciar una guerra nuclear.

El desarrollo de la IA ha adquirido una velocidad de propagación exponencial autogenerada por los propios modelos. El potencial de la IA para impulsar avances en la ciencia es innegable, pero su consumo desmesurado de energía en su desarrollo es un desafío para el cambio climático.

La inteligencia artificial puede ser una verdadera bendición, pero también un gran demonio.

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