El jueves pasado, en un solo acto, Morena exhibió su anatomía: incompetencia y desprecio por la ley, la educación, la niñez y las familias, especialmente los más pobres. Como todo populismo, dice lo contrario de lo que hace: “Primero los pobres”; “humanismo mexicano”... Hoy son consignas huecas. Gobiernan al revés: no ven en cada mexicana y mexicano un fin en sí mismo, un proyecto de vida que hay que impulsar. Por el contrario, en cada persona ven un medio —votos y clientelas— para conservar el poder.
El primer rasgo de esa anatomía es la improvisación. El Mundial no apareció de un día para otro. Se conocía desde antes. Si el gobierno hubiera tenido seriedad, habría prevenido los problemas sin cancelar clases a última hora. Pero el fondo es otro: el miedo a las movilizaciones de la CNTE. Y ese problema también lo creó Morena. Al destruir la reforma educativa, devolvió al sindicalismo el control sobre plazas, ascensos y salarios. Apostaron a convertir ese poder en maquinaria electoral y ahora padecen el chantaje de su aliado.
El segundo rasgo es el desprecio por la ley. La decisión viola la Ley General de Educación. El artículo 88 sólo permite suspensiones de clases por causas extraordinarias y obliga a reponer los días perdidos. Nada de eso ocurre aquí. Ni el Mundial ni el calor justifican cancelar cinco semanas y media. México organizó antes dos Copas del Mundo sin cerrar escuelas. Tampoco reponen los días perdidos. Morena capturó el Poder Judicial porque desprecia la ley y quiere gobernar como le plazca. La suspensión de clases es el ejemplo perfecto: gobiernan sin preocuparse por la legalidad de sus actos porque controlan a los jueces. Romper la separación de poderes no es una abstracción intelectual, sino una violación concreta a la libertad.
El tercer rasgo es el desprecio por la educación. Cancelar cinco semanas y media implica perder 15% del ciclo escolar. El daño será grave. Es una decisión congruente con el colapso educativo: por primera vez en un siglo revirtieron el aumento en la matrícula escolar. También destruyeron las escuelas de tiempo completo, deterioraron los libros de texto, redujeron recursos a universidades públicas y devolvieron a los líderes sindicales el control de la carrera docente. La educación forma personas libres, por eso Morena la desprecia.
El cuarto rasgo es el desprecio por las familias. Suspender clases durante más de un mes traslada cuidados a los hogares. Y esa carga recae casi siempre sobre las mujeres. Muchas tendrán que faltar al trabajo, reducir jornadas o asumir dobles turnos dentro y fuera de casa. Para las familias más pobres el golpe será peor. La pregunta es elemental: ¿quién va a cuidar a los niños? Sólo un gobierno desconectado de la vida cotidiana puede pensar que una medida así no destruye la organización y la economía de millones de hogares.
La conclusión es evidente. Morena no gobierna para que cada persona construya libremente su proyecto de vida. Gobierna bajo la idea de que las personas son instrumentos para conservar el poder. Por eso sus consignas se derrumban frente a la realidad. Los pobres no van primero. El “humanismo mexicano” es una farsa. Morena no ve ciudadanos libres, ve clientelas. Por eso desprecia la ley, la educación y la autonomía de las personas. Un verdadero proyecto humanista y liberal tendría que partir del principio contrario: que cada mexicana y mexicano es un fin en sí mismo y que la tarea del gobierno consiste en crear las condiciones para que cada uno viva la vida que desea vivir en libertad.
En este principio reside el proyecto alternativo de nación que debemos construir.
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