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Mientras Morena se celebra, el país se colapsa

En su octavo congreso, sus dirigentes se abrazan, ríen y repiten consignas que ya suenan huecas y hasta cínicas: “no mentir, no robar, no traicionar”, “con el pueblo todo, sin el pueblo nada”. Se aplauden a sí mismos mientras sus decisiones han provocado el colapso de lo esencial: la seguridad, la justicia, la relación con Estados Unidos, la educación, la ciencia, la cultura, la salud, la energía, la infraestructura y el crecimiento económico. La fiesta ocurre arriba; el derrumbe empieza abajo.

El caso del gobernador de Sinaloa, Rocha Moya, condensa el colapso. La estrategia de “abrazos, no balazos” permitió la expansión del crimen organizado sobre territorios, instituciones y vida social. Donde un grupo domina, baja la violencia, pero se impone una paz del terror: nadie vive en libertad. A esto se suma la captura del Poder Judicial. Morena rompe el equilibrio republicano y, al hacerlo, abre la puerta a que los mismos poderes que la colonizan —crimen organizado, liderazgos sindicales, oligopolios— capturen también la justicia. Y al mismo tiempo rompe el equilibrio histórico que México había logrado con Estados Unidos: evitar la sumisión y la intervención. Hoy, esa dicotomía vuelve a imponerse: o nos sometemos o intervienen.

En educación, ciencia y cultura el colapso es profundo. Por primera vez en un siglo cae la matrícula en todos los niveles. La desaparición de Prospera y de las escuelas de tiempo completo cerró oportunidades a millones. Los nuevos materiales reducen calidad y contenidos. La reforma educativa fue revertida y el sistema volvió al control sindical. Las universidades pierden recursos; la ciencia y la cultura carecen de presupuesto y de rumbo. No es solo un problema sectorial: es la destrucción de las bases del conocimiento, de la libertad individual y del crecimiento.

En salud, el colapso es medible. El desabasto de medicinas, incluso para niños con cáncer, lo simboliza. Pero los datos lo confirman: la cobertura pública cayó de 66% en 2018 a 52% en 2023. Casi 14 millones de personas dejaron de atenderse en el sistema público y migraron a servicios privados, muchas veces de baja calidad y alto costo. Es la ruptura de la salud como derecho.

En energía, Morena destruyó el modelo que permitía inversión y competencia. Pemex pasó de financiar al Estado a ser sostenida por él. Miles de millones del presupuesto —que podrían destinarse a salud, educación y seguridad— se desvían para subsidiar su ineficiencia. Al cancelar la reforma energética, se perdieron inversiones cercanas a 200 mil millones de dólares. Dos Bocas resume el fracaso: costosa, innecesaria y fallida. El resultado es menor producción, menor independencia y menor crecimiento.

En infraestructura, el golpe inicial fue la cancelación de Texcoco. Después vinieron los datos: la inversión pública cayó de 3.6% a 2.8% del PIB. En 2025, la inversión física se desplomó 28% en términos reales, la peor caída desde 1991. En 2026, la tendencia continúa con una contracción acumulada cercana a 45%. Sin infraestructura no hay desarrollo, ni movilidad, ni crecimiento.

El resultado es una economía estancada. La inseguridad, la captura institucional y el deterioro de los sectores clave destruyen la confianza y la inversión. El crecimiento promedio cae por debajo del 1%, incluso menor al crecimiento de la población. Y la señal más reciente es clara: en el primer trimestre de 2026, la economía se contrajo cerca de 0.8%.

Mientras Morena se celebra, el país se colapsa. El tiempo se agota. Urge construir no solo una oposición eficaz, sino una verdadera alternativa comprometida con la libertad de cada mexicana y mexicano que pueda construir un proyecto alternativo de nación al populismo depredador de Morena.

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